domingo, 14 de agosto de 2016

¿Ser o no ser?: Ñoño


 ¡Ah! La universidad, una etapa de mayor libertad que la escuela, en la que el adolescente encuentra un ambiente perfecto para desarrollarse en toda su plenitud. Los horarios y docentes se pueden elegir, los 'recreos' también, ya no te penalizan por faltarte (dependiendo de la metodología del profesor, claro), ya queda atrás la carga de tener que vestir igual que todos tus compañeros... en fin, un montón de elementos que hacen tan hermosa a esta parte de la juventud.

 El problema a la hora de poner un pie en la casa superior de estudios es decidir qué tipo de estudiante querés ser: el flojo, el hippie, el que pasa de semestre sin estudiar, el faltón que solo asiste a los exámenes, el que estudia y trabaja, o, el 'ñoño'. Sí, ñoño, no 'nerd', 'geek' u otros anglicismos tan de moda por estos lares. Si elegís este último camino, habrán algunos que te ovacionen, haciéndote ver como el campeón de la formación profesional; otros, del lado 'creativo' e 'independiente', probablemente te tachen de sumiso al sistema o persona sin criterio ni capacidad de cuestionamiento. En fin, la cuestión de fondo sería: ¿hasta qué punto es saludable ser ñoño?

 Primero, vamos a dejar por entendido que un ñoño es prácticamente todo aquel individuo que estudia mucho y obtiene las más altas calificaciones en las materias de su carrera. Existen otros que no se esfuerzan mucho y obtienen buenas notas, pero esos no son ñoños, sino más bien, como decimos en mi país, 'figurettis'.

 Empecemos por abordar lo malo del asunto. ¿Qué desventajas acarrea ser 'estudioso'? Bueno, su cantidad y magnitud depende de qué tan exigentes sean tu universidad o tus docentes, cuántas materias inscribís por semestre, si estudiás una carrera paralela o no, si adelantás materias para graduarte más temprano, etc. De todos modos, las más comunes son:

 Poco tiempo disponible para actividades de entretenimiento y recreación, como la lectura (periódicos, revistas, historietas, artículos interesantes de Internet), el visionado (películas, series, videos de YouTube) o las salidas (familia, amigos, pareja). El problema con este punto negativo es que se suele ver a estos pasatiempos como 'siempre relacionados al ocio', cuando en realidad a veces uno decide practicarlos para aprender algo útil e interesante, como por ejemplo ver tutoriales de edición audiovisual, o conocer un museo local.

 Poco tiempo disponible para actividades paralelas de interés académico, como la asistencia a conferencias y talleres (por los que dan certificado), las pasantías o prácticas profesionales, y demás.

 Mayores problemas de salud debido al estrés o a los desvelos. Lamentablemente, muchos se vanaglorian de 'no dormir' (he visto esto sobre todo en páginas de humor relacionado con ingeniería y arquitectura), pero lo cierto es que, por más que el cuerpo 'se adapte', existe un punto límite para todo.

 Sin embargo, las ventajas son aún mucho mayores cuando pensamos en 'ser ñoño' no como una actitud sumisa ante 'lo que imponen' las instituciones educativas, sino más bien como un aprovechamiento sabio de los recursos de los que disponemos en esta etapa de la vida:

✓ Becas. ¡Ah, las famosas becas! Ya sea que te paguen por estudiar, que te den certificados de valor curricular, que te viabilicen un intercambio con instituciones de otro país o que te den almuerzo gratis en el comedor universitario, ¡nada más apremiante para tu esfuerzo!

✓ Credibilidad. Muchas veces (con honrosas excepciones), quienes tienen la capacidad de continuar con sus estudios universitarios y deciden no hacerlo (o no explotarlo al máximo), ya sea porque se sienten rebeldes o porque quieren ser 'empíricos', suelen ser ridiculizados (y con mucha razón). Como prueba basta ver a los miles de 'investigadores' de Internetz (conspiranoicos), que con googlear algo ya se creen seres iluminados y despiertos que tomaron la pastilla roja, pero que a la hora de la verdad, son desacreditados tal y como se lo merecen. En vez de abordar en una tesis o proyecto universitario la 'gran verdad' que acaban de descubrir, poniéndola así a la mesa de discusión de la comunidad intelectual, prefieren difundirla en la web, con imagencitas mal photoshopeadas y entradas de blog sin fuentes de respaldo.

✓ Mentalidad crítica. Un ciudadano bien formado es más difícil de engañar.

✓ Ahorro. Ojo, esto aplica (o suele aplicar) para universidades públicas. El hecho de no pagar por que alguien te enseñe, no debería motivarte a que no te importe aprender o no, o a despreocuparte porque 'si no cuesta un peso, de seguro no sirve', sino más bien a aprovechar que estás recibiendo educación gratuita para sacarle el jugo a esos conocimientos. Pensá en lo siguiente: muchos pagan caro por aprender lo que vos estás aprendiendo gratis, e incluso, independientemente de lo buenos o malos que sean tus docentes, tu deber es complementar tu educación universitaria con fuentes alternativas, o al menos ser preguntón en clase para sacarle información al profesor.

 Ahora bien, tampoco debemos promover una 'cultura de la robotización' mediante la cual vivamos solo para ser tremendos ñoños sin sentimientos ni vida social. Es posible ser 'normalitos' y ñoños a la vez, así que estudiar mucho no es el fin de tu desarrollo personal. Y ojo, estudiar no solo implica leer y leer y memorizar: hay materias prácticas, como también docentes interactivos que no se basan solo en 'dar libros y tomar examen'.

 Por otro lado, en los últimos años se ha puesto de moda un estilo de vida casi por completo desligado de 'ser ñoño': los emprendedores. ¡Ah, ser emprendedor! Suena tan bonito y paradisíaco, ¿quién no quisiera ser un Bill Gates o Steve Jobs? ¡Después de todo, no es necesario tener un título para triunfar en esta vida!, ¿no?

 Esta forma de pensar supone una falacia del falso dilema: que tenés que elegir entre 1) 'matarte por un cartoncito que certifique tus capacidades', o 2) ser cabrón y luchón, 'independiente', cinturón dorado de peso pesado, empírico, amateur y autodidacta, ejemplo de vida para miles de jóvenes. Muchas veces, esta segunda opción viene motivada por un sentimiento narcisista de destacar por entre los demás, esa ambiciosa ilusión de ser idolatrado por todo el mundo, una obsesión por dejar tu nombre en la historia. Suena reconfortante, pero es una trampa.

 Primero que nada, si tu mayor objetivo con ser profesional es llegar a ser conocido, qué pena por vos. Segundo, esas personas que abandonaron la escuela o la universidad para dedicarse a otra cosa suelen ser minoría en comparación a los que destacan con título, y en los hechos la mayoría manda. Sí, podés intentar ser todo lo amateur posible, pero recordá que en la vida el triunfo no depende solo del 'talento' o la dedicación que uno le ponga a las cosas: están también las bien temidas circunstancias. El homo sapiens puede lograr grandes cosas con voluntad, es cierto, pero las personas que más han aportado a la humanidad no lo han hecho solo por 'esforzarse': existe todo un contexto que condicionó el desarrollo de sus vidas, oportunidades van y oportunidades vienen.

 Es aquí que entra la universidad como herramienta para ayudarte en tu formación como individuo que aporte algo valioso a la sociedad. No la veás como un 'obstaculizador totalitario' o 'destructor de la creatividad', sino más bien como una base de cemento sobre la que podés colocar la escultura de tu futuro. Es un soporte, una escalera, una guía. Todos necesitamos tomar de la mano de alguien para comenzar; sino, no existirían los padres, los profesores o los gobiernos. En fin, puede que en la escuela ser ñoño sea motivo de burla, además de algo prácticamente inútil, pero es en la universidad donde empieza las ventajas serias, y no aprovecharlas sería algo ingenuo.

 Pero más importante aún: pensá en los miles de universitarios que abandonan sus estudios por no contar con los recursos suficientes, no tener tiempo debido al trabajo, o incluso en las que quedan embarazadas. ¿no sería una falta de respeto hacia todos ellos el ver a esta institución como un espacio de jugarreta y desperdicio?...