domingo, 24 de julio de 2016

¿Una nueva visión sobre el espectro de la política?



 He estado pensando en esto durante meses, desde el año pasado, cuando me enteré que existía algo llamado 'espectro político', lo que tradicionalmente conocemos como el gráfico siguiente:


 Hoy, luego de reflexionarlo por mucho tiempo, he descubierto una especie de clave para entender todo esto de la política, las diversas tendencias ideológicas y sus inclinaciones prácticas. No pretendo proponer una nueva teoría, ya que no he estudiado, documentado ni comprobado científicamente casi nada de lo que estoy a punto de decir. Sin embargo, considero que es una hipótesis valiosa, y como tal, quiero compartirla por este medio, para motivar a otros a realizar investigaciones o discusiones relacionadas al tema.

 Primeramente, debo aclarar que me centraré en la oposición izquierda-derecha, siendo el significado de la primera lo liberal y del segundo lo conservador. La política tiene que ver tomar el poder para organizar una sociedad, y cuando el gobierno es de izquierdas, su misión es buscar el avance, mientras que cuando es de derechas, aboga por la estabilidad. La alternancia en el poder de ambas visiones crea cierto equilibrio en una determinada sociedad:


 A continuación, desarrollaré mi propuesta mediante el uso de 2 campos intelectuales específicos: el análisis del discurso y el lenguaje de la imagen.

Análisis del discurso


 Dentro de lo que es el análisis del discurso, es necesario investigar ciertas líneas de pensamiento que se pueden inferir a partir del mensaje que da un interlocutor determinado. Es normal que en diversos asuntos de discusión nos preguntemos: «Esta persona, con respecto a este tema, ¿está en la posición A (de acuerdo) o B (en desacuerdo? ¿O está en una posición neutra?». Por ejemplo: el aborto, la legalización de la marihuana, etc.

 Hoy en día, en especial entre los jóvenes, es normal que oigamos respuestas que demuestran indiferencia a ciertas cuestiones importantes del quehacer social. Palabras como "me vale", "me da igual" o "no estoy a favor ni en contra" son muchas veces utilizadas para presumir superioridad moral o intelectual. La idea de 'no tomar partido' es muy atractiva para muchos, particularmente, para aquellos que sienten la necesidad de diferenciarse de las masas mediante una mera ilusión de identidad, a partir de un comprensible pero mal encaminado instinto de independencia.

 Como hoy en día vivimos una época en la que existe bombardeo de información, el joven posmoderno puede sentir pereza por investigar, debido a que "unos dicen una cosa y otros dicen otra, ¿al final qué es lo cierto?". Sin embargo, aquí radica el peligro del relativismo, que consiste en invalidar todo juicio por el simple hecho de evitar el peligro de equivocarse. En temáticas sociales, especialmente en las de naturaleza polémica, es cierto que tomar partido puede llevar a consecuencias terribles, ya que no existe una fórmula matemática para definir nuestro accionar cotidiano. Con mucha más razón es peligroso tomar partido hoy, en la era de la globalización, donde diversas culturas entran en contacto unas con otras frecuentemente, y se adhiere al discurso la corrección política: el miedo a ofender tal o cual forma de pensar.

 No obstante, el hecho de que se tenga miedo de ir hacia los extremos no significa que el único camino posible sea la neutralidad o indiferencia (véase una tesis similar en el artículo La importancia de creer en una "verdad absoluta"). Podemos estar en un 'medio camino' entre tal o cual juicio sin necesariamente ser indiferentes o ser 'extremistas', y para ello debemos entender un concepto importantísimo: la jerarquía.

 Jerarquía significa subordinación y predominancia, un cierto orden en el que algunas cosas son superiores a otras; en este caso, las ideas son las que deben tener una escala determinada. Para estructurar un discurso, lo ideal es generar previamente una jerarquías de conceptos y posiciones; esto es, algo similar a 'creer que existe una verdad en este mundo', el famoso concepto de 'lo bueno y justo'. Sostener una tesis, someterla a prueba y sacar una conclusión de ella, eso es experimentar: empezamos tomando partido en A o B, nos dirigimos hacia el punto AB para comprobar la sostenibilidad de nuestra posición, y en base a ello determinamos si lo más sano es permanecer en AAB o en ABB. Esa es la idea clave.


En este ejemplo, las posiciones discursivas sanas son los puntos verdes, y los rojos representan a los juicios menos convenientes. Advertencia: la ubicación de estos puntos no tiene ninguna relación con el eje X del espectro político, es solo un gráfico explicativo.

 En este sentido, pues, las jerarquías deben ser aplicadas a nuestro discurso proponiendo una superioridad de X juicio sobre Z juicio; es decir, "mi idea es esta, pero considero que de tu punto de vista es rescatable lo otro, sin embargo sostengo ambas nociones, con superioridad de la mía sobre la tuya en ciertos aspectos".

 Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con el eje de la política? Que hay ciertos grupos ideológicos que pretenden hacerse ver como dioses salvadores, no pertenecientes a la izquierda ni a la derecha en el espectro político, es decir, ubicándose en el lado 'neutro'. He notado esto principalmente en las dos corrientes socialistas que trataron de desligarse del marxismo (manteniendo ciertos postulados del socialismo utópico): el nacionalismo tercerposicionista y la socialdemocracia. En los últimos años, hemos visto a diversos partidos españoles de la segunda tendencia clamar a viva voz el 'ni de izquierdas ni de derechas', que otrora hubiera pronunciado un caudillo de la primera (José Antonio Primo de Rivera). Empero, si tuviéramos que catalogar ambas ideologías de acuerdo a las jerarquías del análisis del discurso propuestas en estos párrafos, situaríamos a la socialdemocracia en el punto AAB (el primer punto verde en el gráfico) y al nacionalismo tercerposicionista en ABB (el segundo punto verde), o viceversa, pero ninguna en AB.

Lenguaje de la imagen


 En lenguaje de la imagen existe algo que se llama síntesis aditiva y sustractiva del color. Para comprenderlo, primero debemos saber que existen dos modelos principales de color: el RGB (luces en pantallas) y el CMYK (tinta en superficies). La síntesis aditiva sucede en el primero (rojo, verde, azul), es decir, se puede acumular, incrementar, adicionar  la saturación de las ondas de luz hasta lograr un blanco puro, exceso de luz. La sustractiva sucede en el segundo modelo (cian, magenta, amarillo y negro), pues al restar, sustraer, reducir las luces se logra un negro puro, que es ausencia de luz.


Síntesis aditiva y sustractiva del color.

 ¿Cómo aplicar esto a la política? Bueno, teniendo ya la noción de puntos medios entre los extremos y el medio, discutidos en el anterior subtítulo, procederemos a acoplar a eso esta teoría del color. Para ello, seguiremos utilizando como ejemplos los casos específicos del nacionalismo tercerposicionista y la socialdemocracia, ahora con otros dos: el comunismo y el libertarismo.


Plano cartesiano de la política, con las curvas de síntesis.

 El primer caso se interpreta como una síntesis aditiva (en dirección positiva del eje Y, es decir, hacia arriba), pues a partir del extremo del espectro derechista va añadiendo elementos izquierdistas hasta distanciarse y dirigirse hacia el centro (sin necesariamente situarse bien al medio). Como caso particular de ejemplo tenemos al nacionalsocialismo, que, si bien defiende la tradición y la fuerza por encima de la razón, mantiene cierto ideal de progreso, naturaleza laica y cambio social.

 

 Un caso parecido sería el del libertarismo, pero ya con síntesis sustractiva (en la parte negativa del eje Y, por debajo): a partir de la derecha, se quita elementos hasta intentar también llegar al centro. Ahora bien, ¿cuál es sería la diferencia entre estas visiones políticas? Si bien ambas parten del mismo extremo, la primera tiene una base derechista y añade elementos izquierdistas, de modo que en ciertos aspectos 'parece' de izquierda, mientras que la segunda quita elementos derechistas de su base hasta parecerse al izquierdismo más que el anterior, porque elimina buena parte sus cimientos, sus orígenes, en especial los relacionados con la religiosidad y la tradición, para dar prioridad a la unificación del mercado global, y por ende al cosmopolitismo.


 La socialdemocracia se interpreta como una síntesis sustractiva, puesto que también pasa por debajo del eje Y, aunque esta vez del lado contrario del X: se quita ciertos elementos de izquierdas hasta casi parecer de derechas. Tal es el caso de los países nórdicos, que suelen dar la impresión de 'capitalistas' por su manejo eficiente del libre mercado, pero cuya apariencia no es más que el resultado de destruir las bases para intentar llegar al centro.


 El comunismo, por otro lado, es una síntesis aditiva, que va por la parte superior del eje Y, el lado autoritario: mantiene las bases, pero añade ciertos elementos de derechas conforme va avanzando desde el extremo izquierdo. Los gobiernos de Stalin, Fidel o Mao han sido ciertamente de izquierda, pero sus elementos notables de derecha se ven reflejados en su carrera armamentística y fuerte propaganda en el control educativo.


 Por cierto, no es mi intención hacer ver a la izquierda como algo negativo ni a la derecha como positivo, tampoco así ver semióticamente a las síntesis aditivas del autoritarismo como 'tendientes a la luz y por tanto al bien' o a las sustractivas del liberalismo como 'tendientes a la oscuridad y por tanto al mal'. Es más una cuestión de inclinaciones y tendencias en la visión política; al que le haga el saco, que se lo ponga.

Conclusiones


 Como hemos visto, se puede tomar ciertos elementos del análisis del discurso y el lenguaje de la imagen para tratar de interpretar el espectro político del clásico plano cartesiano con ejes X y Y. Al igual que expresé al comienzo de esta entrada, el objetivo era dar a conocer este descubrimiento que me llegó a la mente; ignoro si alguien ha llegado a conclusiones parecidas antes (seguramente sí lo han hecho), pero aun así me gustan estos momentos de 'epifanía'.

 Y usted, estimado lector, ¿qué opina?