domingo, 13 de marzo de 2016

¿Es posible defender tus ideas con ciencia?



 A lo largo y ancho de Internet, he notado que hay mucha gente apasionada por dar discursos bonitos: se la pasan comentando sobre lo hermosa que es su ideología y lo genial que sería que la adoptáramos también. En ciertos casos (minoría, pero importantes), la oratoria de estos individuos suena tan convincente, que nos preguntamos qué hacen dedicándonos su valioso tiempo detrás de una pantalla en vez de salir a las calles a movilizar militantes.

 Utilizar la retórica para convencer a las personas puede una herramienta eficaz, pero se siente mucho mejor cuando nuestras palabras están respaldadas por hechos, no por simples pajas mentales que distan mucho de la realidad. Ya sea el sentimentalismo ridículo de los progres, la envidia proletaria de los trotskos, la nostalgia irracional de los neonazis o la mano invisible de los derechairos: cualquier discurso que no esté respaldado con pruebas carece de seriedad y debe ser siempre percibido con cautela.

 Los hechos duplican, triplican, ¡e incluso quintuplican!, el valor a las palabras, y estos últimos 3 siglos han representado un florecimiento enorme en cuanto a métodos para obtener conocimiento objetivo. Sendas ciencias (química, astronomía, etc.) ya han superado su etapa de protociencias (alquimia, astrología, etc.) y volver a su pasado sería como querer redescubrir la rueda.

 Las ideologías se ubican en la rama humanística del saber, porque son algo exclusivamente humano, que ninguna otra especie animal tiene más que la nuestra. En las ciencias sociales, ubicadas dentro de lo que son precisamente las humanidades, existe mucha contaminación ideológica, a tal punto que se crean sesgos favorables a las fantasías imaginativas de los diversos teóricos.

 En esta parcialidad predomina el (mal llamado) progresismo, el cual supuestamente busca el progreso de la humanidad, pero no hace más que renegar de la realidad y lloriquear porque sus utopías donde nada es ofensivo son aplastadas por la ciencia. No todo está perdido, claro, aún hay gente despierta que se atreve a tomar acciones contra este peligro. El punto es que, más allá de si influyen o no en una ciencia social, las ideologías, provengan de donde provengan, condicionan la aceptación de las evidencias.

 Como vimos anteriormente, si la evidencia dicta que tal o cual cosa es cierta, es necesario contextualizar los eventos y no hacer generalizaciones apresuradas solo porque nuestra ideología así nos lo dicta. En otras palabras, por poner un ejemplo, si en equis gobierno fascista sucedió cierta tragedia, lo cierto es que sucedió, otra cosa es culpar a la ideología en general sin pruebas (o con pruebas fabricadas o mal interpretadas) y basarnos en la imagen hollywoodense de que 'el fascismo siempre es malo'.


«¡Ser rico ej maaaaalo!»

 Ahora bien, teniendo toneladas de conocimiento disponible para respaldar nuestras aseveraciones, ignorarlo sería un gravísimo error, puesto que no podemos actuar como la paloma que patea las piezas de ajedrez y baila en todo el tablero creyendo que ganó. Las ciencias más avanzadas pueden ayudarnos a tener un mejor enfoque de la realidad, mediante lo que se conoce como transdisciplinariedad, es decir, utilizar varios métodos para comprobar algo, por ejemplo, con lo que en Investigación Social se conoce como triangulación.

 Cabe destacar que todo lo aquí dicho será exclusivamente en el marco político, puesto que ya existen artículos, páginas web y demás información de sobra respecto a la falsedad de creencias seudocientíficas como la homeopatía, el psicoanálisis y demás. No hablaremos de política entendida como sistemas económicos (capitalismo-comunismo) sino más bien como estructuras de valores (liberalismo-conservadurismo) de las que dispone una sociedad para organizarse.

¿Ciencia?


 Cuando escuchamos 'ciencia', lo más probable es que nos imaginemos un tubo de ensayo borboteando líquidos verdosos o amarillentos, o tal vez a un individuo de bata blanca inyectando equis sustancia a una rata. ¿Por qué? Bueno, resulta que la palabra 'ciencia' es mayormente utilizada para referirse a las formales y naturales (según la clasificación de Wikipedia), o al menos esa es la idea que tiene el público en general.

 Para ilustrar, tomaremos una definición de Mitos y Fraudes, blog del periodista Alejandro Plaza, un aficionado a la ciencia:
«La ciencia es un método para obtener conocimiento. Mediante una serie de reglas y procedimientos, los científicos tratan de elaborar explicaciones para el mundo natural. Un científico no emite opiniones; elabora hipótesis y las demuestra con evidencias y experimentos.»
 Coloqué con negrita la palabra 'natural' para resaltar el lugar en el que pone a la ciencia dicha definición (al menos aparentemente), es decir, en las ciencias naturales. Entonces, si la ciencia natural lo acapara todo, ¿dónde quedarían las ciencias formales (lógica, matemática, etc.)? Bien, parece que el libro La argumentación jurídica: problemas de concepto, método y aplicación tiene algo importante que decirnos:
«(...) hay insuficiencias en el método científico para afrontar cuestiones jurídicas clave como son el papel de los valores, o la identificación del razonamiento válido en los aplicadores del Derecho. Los investigadores del Derecho tratan de paliar estas insuficiencias bien sugiriendo nuevos métodos de aproximación a los problemas jurídicos no resueltos, bien estudiando el modo de replantearlos para que puedan ser abordados con un método lógico-sistemático, cuya eficacia está contrastada en otras ciencias.
(...) el enorme papel desempeñado por las leyes en la vida jurídica, y la necesidad de confirmar su interpretación (frente a otras decisiones y frente a la justicia material) exige un método, aunque elaborarlo tenga dificultades. Entre éstas están la imposibilidad de confirmar científicamente los valores (pues no se fundan en percepciones susceptibles de corroboración experimental, ni puede elaborarse un procedimiento deductivo lógicamente correcto si se introducen premisas valorativas); y el hecho de que el derecho no se identifica con la ley, por lo que no basta con los métodos de interpretación legal. Larrenz considera que la ciencia jurídica desarrolla métodos de un pensamiento «orientado a valores», que permiten complementar valoraciones previamente dadas a una crítica racional y haciéndolas susceptibles de confirmación.»
 Coloqué en negrita y subrayado las secciones clave: los valores no se pueden medir, pues somos seres humanos, tenemos la facultad de juzgar algo basándonos en la ética y la moral. En cuanto a la cita en general, tal parece que también insinúa que la lógica no forma parte de la ciencia, o al menos parcialmente. Entonces, ¿cómo abordar el tema de la ciencia y las ideologías políticas? Pues bien, a lo largo de estos párrafos trataremos de utilizar el término 'ciencia' para referirnos a todo aquel método científico en su facultad de ser utilizable por militantes de tal o cual doctrina política, para comprobar en qué aspectos están equivocados y en cuáles están en lo correcto.

 Seguramente estarás pensando: «¡Pero los capitalistas, comunistas, fascistas, anarquistas y lo que sea son todos unos fanáticos! ¡Nadie piensa racionalmente! ¡Solo quieren imponer su visión del mundo en vez de ser escépticos y ejercer la autocrítica!». Puede que tengás razón, pero ese es un simple y llano estereotipo, así como el del rabino ricachón o el del sacerdote pedófilo. Se tiene una imagen de 'el fanático politiquero', es decir, que si estás de acuerdo con tal ideología, estás de acuerdo con ella en todos los aspectos, casi sin dudar de ninguno.

 Sin embargo, también es posible apoyar una ideología sin necesariamente aprobarla del todo, como por ejemplo hicieron alguna vez Oswald Spengler y Carl Jung con el nacionalsocialismo alemán, Norberto Ceresole con el chavismo venezolano, o Walter Guerava Arze con el falangismo boliviano. ¿Por qué no buscar la autocorrección? ¿Por qué no criticar nuestra propia forma de pensar? Siempre es bueno fijarnos en nuestras falencias y someter a prueba nuestras creencias, para así tener una percepción más adecuada de la realidad. Puede que después terminemos amando más nuestra ideología u odiándola, pero eso dependerá de a dónde nos guíen los resultados de nuestra experimentación.

 En concreto, respondiendo a la pregunta del título de esta entrada, sí es posible defender tus ideas con metodología científica (tomando en cuenta el concepto general, no solo el perjuicio de que 'ciencia equivale solo a ciencias naturales'), entendidas en el marco de una ideología política concreta: ya sea revisando textos o aplicándola a grupos pequeños, pero siempre con experimentación de por medio, sea esta pasada o presente. ¡Pero! No caigamos en la trampa: esto no quiere decir que toda nuestra ideología puede ser respaldada con evidencias, sino más bien partes específicas o hechos en concreto que pueden sumar puntos a favor de ella, dependiendo de la situación, así como también puede que las pruebas perjudiquen la veracidad de la misma.

 Entonces, con 'método científico' (en el discurso político) nos referimos a más o menos hacernos las siguientes preguntas:

«¿En qué me estaré equivocando? ¿Cuántas fuentes comprueban lo que digo? ¿Una? ¿Dos? ¿Son confiables? ¿Qué es exactamente lo que trato de expresar? ¿A quién beneficia lo que divulgo? ¿Quiénes resultan perjudicados? ¿Lo hago por el bien de todos o solo por el mío? ¿Tiene sentido pensar así? ¿Estaré utilizando alguna falacia? ¿Leí lo que aprendí de esto en Internet? ¿Es un blog cualquiera o un sitio web serio? ¿Lo leí en algún libro? ¿Es confiable el autor o solo un charlatán celoso con sus conocimientos? ¿Ha enviado su trabajo a instituciones serias para que lo comprueben? ¿Se basa el pensamiento de dicho autor en la realidad? ¿O se basa en especulación y conjeturas, resultado de un intento de adivinanza a partir de pequeñas pruebas que encontró, pero que no sabe explicar?»

 ¿A qué voy con todo esto? Pues, una de las cosas que me urgió a escribir esta entrada fue cierta interacción que encontré:


 En un grupo nacionalsocialista de Facebook, un individuo (con la misma ideología que ellos, pero más crítico y tal vez sin los conocimientos suficientes) tiene ciertas cuestiones sobre los campos de concentración alemanes. Dos de esos comentarios rozan el ridículo: un conspiranoico lo tacha de judío (¡por el simple hecho de dudar!) y otro fanático (en vez de dar respuestas sensatas) coloca imagencitas que tratan de 'salvar' la imagen de los 'nazis'. En cuanto a esto último, si bien dichas fotos son válidas para demostrar que había gente de diversas razas peleando en las filas aliadas a Hitler, no responden a las preguntas planteadas en la publicación. No todos los usuarios que comentaron el post dieron respuestas incoherentes, pero incluí esas dos en esta captura para tomarlas como muestra de por qué es necesario promover la autocrítica incluso entre la gente que comparte nuestra forma de pensar (y, ¿por qué no?, en nosotros mismos), seamos chairos, derechairos, fachas o lo que sea.

Tecnocracia: ¿una alternativa?



 Se dice por ahí que existe algo llamado tecnocracia, que en política busca que solo los más aptos gobiernen: gente con conocimientos científicos y técnicos en áreas específicas. A simple vista, parece lo más lógico, ¡¿por qué no?! Bueno, para empezar, la comunidad internacional se escandalizaría: democracia por aquí, democracia por allá. Los ideales demócratas parecen ser una especie de verdad incuestionable que presuponen que 'el pueblo' siempre tendrá la razón.

 No obstante, aquel es meramente un obstáculo ad populum, por así decirlo, porque, al fin y al cabo, dos más dos son cuatro y cuatro y dos son séis, aunque un montón de mequetrefes digan que no es así. Esto de la corrección política es una dictadura del miedo que, en vez de ayudarnos a materializar una utopía de amiguitos bonitos pechochos que se quieren mucho y no se ofenden nunca los unos a los otros, parece más una ensalada de 1984 mezclado con Un mundo feliz.

 Aquella forma de pensar políticamente correctiva ha dado origen a teorías descabelladas, como la de la famosa 'tábula rasa', la cual afirma que todos nacemos con algo así como una mente en blanco, y que, por tanto, todo lo que existe viene a ser una especie de 'construcción cultural'. Por suerte para nosotros, existe gente seria que no teme ser llamada 'nazi' por expresar discordancias con esta patética percepción del desarrollo del ser humano. Nuestra genética (y nuestra constitución biológica en general) nos condiciona a ciertas inclinaciones, ya sea en la personalidad, la interacción con los demás, etc. Por supuesto que, es más que obvio que no es una regla general para absolutamente todos los homo sapiens, pero por lógica, tiene más sentido decir que tal cosa es cierta porque así lo demuestra la mayoría de los casos, que porque así lo demuestre la minoría.

 En fin, ya no nos desviemos del tema. Tal vez la tecnocracia deba ser más estudiada para una correcta interpretación, ya que por ahora, al parecer, existe información fragmentada, y algunos creen que se orienta más hacia un capitalismo funcional que hacia una política verdaderamente efectiva. Sin embargo, es indudable que detrás de sus postulados hay una gran verdad: los más aptos deben estar en los cargos donde puedan explotar su máximo potencial y ayudar a hacer de esta una sociedad mejor. ¡Algo similar al darwinismo! ¿O tal vez pragmatismo? ¡Quién sabe! Para eso está la complementación del espectro político: la derecha debe encargarse de recordarnos nuestro compromiso con la comunidad al usar responsablemente las habilidades de las que disponemos, y la izquierda de establecer igualdad de oportunidades para que todos podamos jugar de manera justa un papel en esta vida en sociedad.

¿Cómo corroborar la ideología?


 Podemos seguir ciertos procedimientos para poner a prueba algunos postulados de nuestra ideología que consideremos debatibles. Carl Sagan nos da 9 consejos para detectar tonterías:
1. Los hechos necesitan ser confirmados por fuentes independientes siempre que sea posible.
2. Cultivar la discusión sustanciosa, con conocimiento y desde todos los puntos de vista, sobre la prueba obtenida. 
3. En la ciencia no hay autoridades; como máximo, hay expertos. Las autoridades no son infalibles, han podido cometer errores en el pasado. 
4. Si algo puede explicarse de muchas maneras, hay que tener claras las pruebas de cada una de ellas. La hipótesis que sobrevive a la refutación tiene muchas más posibilidades de ser la respuesta correcta que la primera idea que se nos ocurre. 
5. Las hipótesis no son más que estaciones en el camino del conocimiento. Hay que preguntarse por qué nos atrae la idea y compararla equilibradamente con las alternativas. Antes de que lo hagan otros, conviene que encontremos por nosotros mismos motivos para rechazarla. 
6. Si lo que intentamos explicar se puede medir o está relacionado con alguna cantidad numérica, el trabajo será más fácil. Lo vago y cualitativo está abierto a muchas explicaciones, y aunque pueden encontrarse verdades en ese tipo de asuntos, encontrarlas supone un desafío mayor. 
7. Todos los eslabones de la cadena de argumentación deben funcionar (incluida la premisa), no solo la mayoría de las ideas. 
8. La regla empírica de la navaja de Ockham, o ley de la simplicidad, dicta que ante dos hipótesis aparentemente igual de válidas, lo correcto es elegir la más sencilla. 
9. Un argumento que no puede demostrar su validez ni ser refutado por completo, no vale mucho. La capacidad de comprobar las aseveraciones es esencial.
 «¡Wowowowow! ¿Estás equiparando a la ciencia con la política? ¡Qué bajo has caído! Es una blasfemia total comparar a mis waifus científicos con tus ídolos politiqueros que viven de ideas y no de la evidencia. ¡¿Dónde está la evidencia?! ¡Evidencia! ¡Evidencia! ¡Evidencia!». No malinterpretemos las cosas. Lo que trato de hacer es ver cómo el método científico, o la autocrítica en general, puede ayudarnos a producir un mejor pensamiento político. Después de todo, el conocimiento científico no solo se compone de ciencias naturales, sino también de formales y sociales.

La guerra de las falacias


 ¡Entramos al terreno del debate! No importa de cuántas pruebas dispongamos para respaldar nuestras aseveraciones, si no las presentamos de manera correcta, usando los términos adecuados en la situación adecuada, no podremos hacer honor a la verdad, sino que estaremos haciendo el ridículo, independientemente de si el interlocutor sabe que estamos soltando falacias o no.

 Miguel Ángel Civeira, bloguero y docente mexicano, se ha tomado la molestia de explicar y ejemplificar los diversos tipos de falacias que hay, para así guiarnos mejor hacia un correcto ejercicio del debate. Estos recursos están recopilados en varias entradas, las cuales vienen a continuación:


 ¿Por qué es tan importante conocerlas? Porque muchas personas hacen inferencias injustificadas a partir de pequeños datos, con el objetivo de dar 'soporte' a sus argumentos, cuando en realidad no hacen más que dejarse guiar por sus delirios de grandeza, creyendo que tienen toda la razón del mundo y que nadie más que ellos ha descubierto la verdad. Esta actitud es más frecuente en conspiranoicos que en cientificistas, ya que, mientras los segundos al menos se basan en algo tan confiable como la ciencia, los primeros tienen esquemas mentales preconcebidos donde nada es una coincidencia y todo es parte de algún plan maquiavélico elaborado por villanos anónimos, cuya identidad no se sabe si es la de un reptil, alienígena, masón illuminati o nazi thuleano.

 Por ello, a veces es preferible hacer un razonamiento deductivo (de lo general a lo particular) que inductivo (de lo particular a lo general): lo primero nos ayuda a identificar mejor qué está bien y qué está mal, mientras que lo segundo alimenta las generalizaciones, enemigas acérrimas del pensamiento racional y caldo de cultivo para los fundamentalismos.

 Y bien, con esto finaliza esta reflexión importantísima que quería dar a conocer. Los que nos inclinamos por X o Y ideología tenemos mucho que aprender de los cientificistas, quienes, a pesar de manifestar inclinaciones evidentes hacia el cosmopolitismo, mundialismo o globalismo ("¡Científicos de todo el mundo, uníos! ¡No a las fronteras! ¡Son dogmas estúpidos, igual que las religiones!"), manejan un razonamiento eficiente cuando se trata de comprometerse con la verdad en ciertas áreas del conocimiento.


Para darle el gusto a nuestros amiguitos 'hecéticos vriyantes', termino el post con esta imagen, en pro de evitar las generalizaciones y entender mejor la complejidad de los conflictos mundiales.