domingo, 6 de marzo de 2016

Deberes vs. derechos


 Tenía pendiente desarrollar este tema desde hace tiempo, y creo que ya es hora de concretar algunos puntos al respecto. La época en la que vivimos es caldo de cultivo para ideas de dudosa procedencia, vale decir, el culto a los derechos y las libertades, pero más que eso, es una deformación de dichos conceptos, que nada tiene que ver con su planteamiento original.

 Todo el tiempo vemos en los medios de comunicación que se trata con mucho énfasis y fanatismo el tema de los derechos y libertades, valiéndose de un lenguaje manipulador que solo transmite verdades a medias con polvito mágico de hadas para darle un adorno espectacular. Para la propaganda progre, todos los países donde se acepte a sus grupos de presión sin cuestionar, vale decir, feministas (las modernas), homosexualistas y demás extremistas, constituye 'un ejemplo a seguir del respeto a los derechos humanos'. Sin embargo, aquellas naciones que osen cuestionar su virulenta y asquerosa forma de pensar, son 'dictatoriales' y 'autoritarios', es decir, lugares donde es necesario ir a sembrar democracia con 500 toneladas de misiles.

 Luchar por los derechos está bien, el ser humano es un ser libre y racional; para ser tratado dignamente por sus semejantes, se le debe otorgar ciertas facultades, vale decir, derechos. No obstante, hay una verdad crucial, ineludible, fundamental, que muchos se están olvidando cada día más y más, creyendo que ahora que vivimos en un mundo sin imperios, sin Guerra Fría, sin Primera ni Segunda Guerra Mundial, podemos hacer lo que se nos da la puta gana porque "a huevo, triunfó el bien". Bonitos y gorditos, muchachos, bonitos y gorditos. No.

 Esta verdad a la cual hago referencia es el deber, nada más y nada menos que el pinche y puñetero deber. Ninguna sociedad que se respete funciona si no se sobreponen los deberes a los derechos, porque el deber es esa responsabilidad para con los demás, el servicio a la comunidad y a hacer algo de trascendencia, pero de trascendencia para ellos y para vos en conjunto, no solo para vos (progresismo socialdemócrata), o solo para ellos (explotación neoliberal).

El culto a los derechos y a la libertad


 Hoy en día se promueve mucho la idea de que todos somos especiales, amiguitos bonitos hermosos preciosos; se promociona con sonrisas de oreja a oreja la idea de que el fin único y exclusivo de tener un talento, una habilidad, una capacidad, es hacer lo que te gusta y ser feliz. ¡No, carajo, no!

 Muchos consideran que la mejor manera de explotar su "especialidad" es llegando a ser famosos a como dé lugar, ya sea siendo músicos, cineastas, programadores, o, ¿por qué no?, la profesión más loable, respetada y maravillosa del mundo: ser youtuber.


 Nada más lejos de la realidad. El fin único y exclusivo del trabajo es servir a la sociedad, no servir a tu ego. Punto. Sino, ¿de qué sirvió que miles de millones y millones y...


¡SEIS TRILLONES!

 ... De personas se sacrificaran a lo largo de los siglos, para darte techo, comida y seguridad, y luego vengás con tus mamadas a hacer de este mundo un lugar peor?


«¡P-pero el mundo ya está hecho mierda! No podemos hacer nada, la vida está para vivirla, viejo, renegar es para los amarguetes, porque #YOLO»

  En el mundo de hoy se tiene la creencia generalizada de que los padres y los abuelos siempre han estado equivocados, y que nosotros somos todos unos premios Nobel en comparación, porque (dicen) tenemos mayor conocimiento a nuestra disposición y también mayor libertad para revolcarnos en el lodo como cerdos, suponiendo con nuestros delirios imaginativos que todo aquel barro es en realidad nada más y nada menos que el mismísimo Albert Einstein el Paraíso, el Nirvana, es decir, todo aquel mundo noble y bueno que nos han prohibido desde el nacimiento de la humanidad, y que por tanto está bien, ya que "las reglas están para desobedecerlas, o sea".


«¡Libertaaaad! ¡Derechooooos! ¡Déjenme, es mi vida, maldito retrógrada opresor medieval!»

 Después de todo, todos tenemos derecho a violar, a saquear, a quemar, a matar, a descuartizar, a despellejar, a robar, a...


«¡LALALALALALA! NO TE ESCUCHO, SOY DE PALO, TENGO OREJAS DE PESCADO»

 ¿Ah? ¿Qué? ¿Que estoy exagerando? ¿Que debo informarme antes de hablar? ¿Que esto es una falacia del hombre de paja porque el progresismo no propone ninguna de esas cosas? ¡Oh! Pero bien que un progre cualquiera puede cagarse en la realidad eyaculando sus tergiversaciones de dimensiones cósmicas, en las cuales dice que todo lo que no esté de acuerdo con ellos es "xenófobo, racista, homofóbico, sexista, fascista" y demás mitos fantasiosos que leyó 'por ahí'.

 Bien, parece que solo nuestro pequeño amigo Guerrero de la Justicia Social (GJS y no SJW, jódanse, gringos) tiene derecho a criticar a la sociedad, él debe ser el único amo y señor de la lucha por salvar a la humanidad, ¿o no, Rosa Montero?

 Pero bueno, el punto aquí es el dilema entre deberes y derechos es mucho más simple de lo que nos imaginamos: ambos se complementan. Para abordar el asunto de manera más entendible, vamos a hacer algunas analogías con la derecha y la izquierda, entendidas en el espectro político como conservadurismo vs. progresismo, deberes vs. derechos, y no como 'capitalismo vs. comunismo'.

  Empecemos por lo fundamental: ¿cómo obramos en el mundo?, ¿qué nos permite movernos y realizar las acciones concretas? Nuestras extremidades. De no ser por ellas, seríamos cabeza y tronco clavados en la tierra. ¿Cuál es la pierna o el brazo predominante, izquierda o derecha? Derecha, por supuesto. Sí, los zurdos existen, pero son minoría; por tanto, si sos zurdo, imaginate que con 'derecha' me refiero a tu brazo o pierna dominante. De todos modos, se entiende la idea.

 Ahora, vamos más allá: ¿qué es lo que nos permite controlar las extremidades y decidir hacia dónde vamos o qué hacemos? El cerebro. ¿Qué pasa con el cerebro? Tiene dos hemisferios: izquierdo y derecho. ¿Para qué sirven? El primero se encarga más de la parte racional y el segundo más de la parte imaginativa. Entonces, ¿los progres siempre han tenido la razón?


«¡Te jodiste, nazi pendejo! ¡Retráctate de tus palabras e implora clemencia!»

 No tan rápido, mi pequeño amigo chairo...


¡Caíste!

 Estudios han comprobado que los diestros utilizan más el hemisferio izquierdo y zurdos el derecho. Claro que hay excepciones, pero las excepciones son excepciones y la mayoría es mayoría.


¡Y el dinero es dinero!

—¡Oh, pero, ¿qué clase de habladuría es esa? —dijo el chairo, confundido—, ¿qué hay del corazón, el cual está ubicado en nuestro lado izquierdo más que en el derecho? Él es el que nos da vida, de él vienen los sentimientos, ¡él es nuestra razón de vivir! ¡La izquierda triunfará!
—Tiene usted razón —repliqué soltando unas cuantas risas—, el corazón está más a la izquierda, pero la izquierda como lugar en el espectro político no tiene más de 300 años aún, mientras que el corazón existe de hace millones de años. Además, los sentimientos no vienen del corazón, eso es un mito falaz; vienen de la mente, mi estimado rojito.

 Ahora bien, desligándonos de la analogía, para no ser malos malosos con los zurdos de verdad, personas muy respetables, por cierto (Beethoven, Aristóteles, etc.), vamos a seguir directo con el tema en cuestión: ya no biológica, sino políticamente hablando, el diestro es más realista, mientras que el zurdo es más utopista.

 Últimamente, han surgido triyones y trishones de zurditos que se quieren apropiar del conocimiento científico para poner vil y cruelmente a la ciencia al servicio de sus caprichos sentimentalistas.


Esta infografía no podría estar más parcializada.

 La ciencia no es de izquierdas ni de derechas, es un instrumento al servicio del descubrimiento e interpretación de la naturaleza, Quienes la politizan no son más que engendros izquierdosos que de alguna manera quieren hacerse notar. O bueno, al menos hasta ahora no he visto a ningún derechoso decir que la ciencia conduce necesariamente a su forma de pensar (y si hay conservadores que piensan así, mátense).

 Pero, ¡eh! ¡Venga! ¿A dónde llevamos todo este asunto? Si nos obsesionamos con criticar a la izquierda, una cosa lleva a la otra, ¿no? Hoy decimos que los progres son basura, mañana que la Revolución Francesa (que dio origen a esta división política diestros-zurdos) nunca debió existir, y pasado que los masones, libertadores de Hispanoamérica, jamás debieron nacer, ¿no?


¡OOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

 Bueh, tampoco es que la izquierda ideológica sea El Coco, por así decirlo. A pesar de sus gulags, sus Holodomores, su corrección política pendeja y su enorme obsesión con la crítica a lo que sea, ha ayudado en una que otra cosa a hacer de este un mundo mejor, fuera de toda teoría (sensata, por cierto) que ve esta disputa capitalismo-comunismo como un juego de disidencia controlada.

 Por ejemplo, según tengo entendido...


Me contaron.

... En la segunda mitad del siglo pasado, las movilizaciones mineras en Bolivia han tenido una fuerte influencia marxista, pero fueron luchas espontáneas y no con el financiamiento extranjero de ya sabemos quiénes. Estas personas, a pesar de abrazar el comunismo, combatieron a las dictaduras capitalistas que impunemente asesinaron a cientos de inocentes. Lo mismo en varios otros países hispanoamericanos.

 El punto es que, así como nuestras extremidades no funcionan bien sino juntas (bajo la dominancia de la diestra sobre la siniestra, claro), la derecha e izquierda política se complementan en cuanto a acción social, pero la prioridad es uno y lo otro viene por añadidura. Entonces, suponiendo que en la derecha predominan los deberes y en la izquierda los derechos, primero cumplamos los deberes y luego reclamemos los derechos.

 De la misma manera, toda libertad conlleva una responsabilidad. No puedo mostrar mis bolas al aire si hay niños presentes, ya sea que me declare homosexual o heterosexual. Tampoco puedo negarle un saludo al presidente, por más en desacuerdo que esté con lo que hace. Hay ciertas reglas no escritas, que cada vez estamos ignorando más y más, todo por este pinche movimiento desenfrenado en favor de 'las libertades', deformando el concepto original para desviarlo hacia el libertinaje.

La ley del consentimiento social


 Cierto comportamiento está de moda en los políticos de hoy en día, en aquel sistema que pretenden llamar 'democracia' pero que no es más que un mero nombre. Es aquel circo de cada cuatro años donde nos prometen cielo y tierra, cual Quijote cortejando a su Dulcinea, pero que después se cagan en nosotros y resulta que todas sus palabritas no eran más que una mera estrategia de marketing. Así es, los políticos se venden como mercancía en vez de como líderes, sean oligarcas o rojitos. El punto es que esas promesas no necesariamente responden a los pedidos de la mayoría, sino más bien a los de la poderosa minoría, aquellas que pueden apoyar su campaña con financiamiento y una buena propaganda, ya sean lobbies libremercantilistas, sionistas, ateístas, feministas, homosexualistas, etc.

 Imaginémonos a los gobernantes como los padres de un niño; aquel niño es la población entera. Estos padres tienen un gran sentido de responsabilidad por su muchacho: lo cuidan, lo alimentan, lo educan, todo marcha bien. Sin embargo, en un momento de su vida, este chico decide rebelarse contra sus progenitores, tiene reclamos, se queja de su 'autoritarismo' porque, según él, no lo dejan ser 'libre'. Sus padres cambian cada 4 años, y este es precisamente uno de los factores por los que ellos evalúan el acceder a las peticiones de su hijo: el querer ser reelegidos. Entonces, se dan cuenta de que para que su hijo los siga queriendo, y para que se sienta querido, ellos deben concederle lo que él quiera.

 Habiendo hecho lo anterior, toda la familia está feliz y contenta, pasa la época de elección de padres y se abrazan los tres sin remordimiento alguno. No obstante, llega otro momento en que el hijo descubre las verdaderas intenciones de sus padres, y casualmente ahí también tiene otro capricho que quiere cumplir. Ahora debe decidir cómo presionarlos para obtener lo que quiere, y además les echará en cara que son unos hipócritas al darle lo que quiere para salir beneficiados ellos, quienes se sentirán cada vez más y más debilitados, hasta que renunciarán para las siguientes elecciones y darán el paso a otros, que también deberán cumplir los caprichos del niño.

 Esto, mi estimado amigo, es lo que denomino ley del consentimiento social. Para conocer un poco más a fondo el tema, te recomiendo el documental El siglo del yo (ver: parte unodostrescuatro), el cual muestra cómo la política ha ido evolucionando de 'estar al servicio del bien del pueblo, sin importar lo que ellos deseen' a un 'estar al servicio de los deseos del pueblo, sin importar si están del lado bueno o malo'.


  En lo personal, creo que la función de una dictadura (una de verdad, no una asesina como las del Plan Cóndor) debe ser la de preparar el camino para la democracia (una de verdad, no una representativa como las de la mayoría de los países), unificando al país y homogeneizándolo en el buen sentido de la palabra. Así como un padre educa a sus hijos hasta que salen profesionales e independientes:  los prepara para ser capaces de decidir por ellos mismos. Aunque dicen por ahí que no deberíamos considerar ni de cerca a la democracia, porque solo funcionó en las ciudades-estado griegas, donde tenían menor población y por tanto más facilidad para elegir a los más capaces y no a cualquier imbécil. Pero bueh, son solo pensamientos recurrentes, no me aferro a ellos del todo.

 Me hubiera gustado que esta sea una entrada de esas elegantes y educadas, donde las burlas y las palabrotas están como ausentes, pero no puedo contenerme ante semejante despelote que se está gestando entre los opinólogos de Internerd, quienes balbucean sobre derechos tecleando con toda la furia del mundo, pero no cumplen con sus deberes como ciudadanos. Estudien, trabajen, sirvan al prójimo más que a ustedes mismos, pero a la vez sepan valorarse.

Se les ha dicho: «Vivan cada día como si fuera el último de sus vidas». Yo les digo: «Vivan cada día como si fueran a vivir para siempre, cuídense y cuiden a los demás, que el cultivar a la persona vale más que derrochar energías en alimentar los placeres egoístas con las más infundadas perversiones. Protejan su hogar, su salud y sus valores como si les fueran a ser útiles mañana y el resto de los días que vengan. De nada sirve utilizar la excusa de que solo se vive una vez si uno finge que va a morir al finalizar el día; ese precisamente es el chiste de la vida, no saber cuándo nos vamos a ir.»