domingo, 14 de febrero de 2016

Carta abierta a los neonazis de Hispanoamérica


 Utilicé el término 'neonazi' en el título para adherirme, por compasión, al sentimiento de conformismo y a los atajos mentales de todo aquel que descalifique a estos movimientos, en solidaridad con su falta de comprensión de la realidad. La imagen de arriba también es una exageración, para que el enemigo venga también a leer y se entere de qué se trata todo esto del nacionalismo.

 Sin embargo, esto no va dirigido a ellos: es más bien una llamada de atención a ustedes, los seguidores de esta corriente ideológica que no se alinea con el capitalismo ni con el comunismo, sino más bien con la Tercera Posición, aquello a lo que la gente con prejuicios prefiere llamar 'fascismo', 'neonazismo', 'extrema derecha' y demás adjetivos que poco o nada tienen que ver con la cuestión en general.

 En primer lugar, tienen que entender que el 'nazismo' (nacionalsocialismo) pertenece a Alemania y debe quedarse solo en Alemania. En segundo lugar, el fascismo pertenece a Italia, y debe permanecer en Italia. Ya han pasado casi 100 años desde la gestación de estas corrientes ideológicas, y la realidad actual es bastante diferente como para revivirlas con los mismos principios y estrategias del pasado, pero si algún europeo quiere hacerlo, adelante.

 El problema surge cuando ustedes, como hispanoamericanos, herederos de una cultura mestiza, fruto de la unión entre la identidad indígena y la europea, quieren hacerse los nacionalistas cuando en realidad no hacen más que seguir una moda porque sí. Siguen páginas de Facebook que rescatan el tradicionalismo europeo, pero no piensan ni por un segundo en su propia identidad cultural. Leen a Goethe, a Dostoievsky, y a Cervantes, pero no se preocupan de dar una ojeada a Sor Juana, a Borges o a García Márquez.

 Es necesario que entiendan esto, porque no podemos renegar de uno de nuestros ancestros y abrazar a otro solo porque su cultura nos parece más atractiva: debemos rescatar ambas idiosincrasias. Claro, el indigenismo debe ser rechazado, puesto que no se puede imponer la voluntad de unas minorías a las mayorías; sin embargo, no se debe confundir al indigenismo con la cultura indígena, rica también en diversidad y en potencial identitario para nosotros como mestizos.

 El arte, la ciencia, la literatura, todos estos productos de la belleza y del pensamiento, que alcanzaron cúspides de cualidades divinas en Europa, pueden también ser encontrados en nuestro continente. Basta escudriñar un poco en nuestra historia para darnos cuenta de ello; por eso es importante conocer al propio país antes que a los demás.

 Pueden apoyar enérgicamente a los europeos en su lucha contra la inmigración ilegal y la degeneración de su cultura, pero nunca se olviden de que ellos son ellos y nosotros somos nosotros. La prioridad es la propia casa, uno mismo, porque para valorar a los demás primero uno debe aprender a valorarse a sí mismo.

 En cuanto a la Judería Internacional: ha causado estragos en varias partes del mundo, pero no es tan poderosa como creen. Cuídense de no llegar a niveles preocupantes de conspiranoia, porque pueden adquirir un carácter extremo de antisemitismo que no se adecúe del todo a nuestra coyuntura. No vaya a ser que sigan la clásica línea de paranoia conspirativa de: primero los masones, luego los judíos, después los illuminati y más tarde los reptilianos. Piensen coherentemente, sean realistas, no sobredimensionen las pruebas. Puede que los judíos sionistas promuevan el mestizaje en Europa, pero nosotros, los hispanoamericanos, llevamos el ser mestizo en nuestros genes, es una herencia de siglos, por eso es que debemos más bien fijarnos en la manera en que opera el sionismo en nuestros países y cómo podemos combatirlo; lo mismo con la masonería.

 No lleguen a los extremos del odio racial o la xenofobia, tengan siempre un mensaje de bienvenida ante el prójimo extranjero, recuerden que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Sí, sabemos que existe un límite, sabemos que el vecino no puede hacer lo que se le dé la gana en nuestra casa, pero eso no es motivo para despreciar a todos y cada uno de ellos. Siempre son buenas las advertencias, poner las reglas del juego, cuidando el no parecer cascarrabias extremistas que solo quieren ahuyentar al visitante.

 Estudien al enemigo, para así saber contra qué se están enfrentando y desarrollar herramientas eficaces de combate. No se dejen cegar por el fanatismo, sepan reconocer los errores, pero a la vez trabajen para no volver a cometerlos. Cultiven la autocrítica: recuerden que sus oponentes son buenos maestros, de ellos pueden aprender qué no hacer, aunque también ver en qué más o menos están fallando. Ellos suelen minimizar sus errores propios y exagerar sus logros también, y hacerlo al revés con los de ustedes, pero no por eso dejan de ser fuentes válidas de crítica de vez en cuando.

 Ustedes escogieron el camino de la lucha contra el marxismo y el neoliberalismo: «Ni de izquierdas, ni de derechas, ¡tercera posición!». Perón, Pérez Jiménez, Únzaga de la Vega, los Leopardos y demás ideólogos y líderes de Hispanoamérica, necesitan ser rescatados intelectualmente, para que tomemos una base de cómo podemos luchar por un mejor mañana para nuestros respectivos países, así como ellos supieron crear movimientos propios e imposibles de exportar eficazmente a otra nación. Reconozcan que el nacionalismo es la vía del rechazo al globalismo, el cual pretende mezclarnos a todos borrando las fronteras y estableciendo una suerte de Gobierno Mundial, promoviendo la homogeneización de pensamiento, de cultura y de estilo de vida.


La juventud es la etapa de los ideales, de donde pueden surgir movimientos que tomen el cuenta el contexto de cada nación de Hispanoamérica para definir su lucha.

  Hay algo crucial para tomar en cuenta, que debe estar siempre en el centro de su pensamiento: prediquen con el ejemplo. De nada sirve que adopten esta ideología, que hagan propaganda de ella, que pongan todas sus fuerzas en ganar los debates al enemigo, si todo se queda en meras palabras, en meras imágenes, en simples y llanas portadas de libro. Demuéstrenle a esos zopencos que ustedes no son un ejército de trolls nostálgicos que quieren revivir 'los fósiles del pasado', sentados todo el día frente a la PC, sudando como cerdos y estando al pendientes de quién desacredita su visión política.

 Hagan ejercicio, practiquen algún deporte, lean, pinten, esculpan, culturícense, conozcan a su comunidad primero, al mundo después. Siempre centren su lucha desde su propia rama del saber: se puede ser nacionalista y a la vez médico, abogado, pintor, escritor o incluso mecánico. No es necesario que se hagan politólogos para dar continuidad a esta lucha por su nación, terminen sus estudios para luego contribuir a la causa con absoluta legitimidad laboral.

 Como decía José Antonio Primo de Rivera:
«Todos nos sentimos médicos para diagnosticar el mal de España, y ninguno repara en que él mismo es una parte de ese mal. Mucho más útil que escribir cien artículos es ponerse a hacer bien “algo”; lo más modesto, aunque sea remendar zapatos, dar cuerda a los relojes, limpiar los carriles del tranvía…
Pudiera resucitar para gobernarnos el más maravilloso de los gobernantes, y España no sanaría. No puede sanar mientras los carpinteros no sean mejores carpinteros, los matemáticos mejores matemáticos y los filósofos mejores filósofos.
En vez de procurarlo, todos nos hemos salido de nuestras faenas para volcarnos en la misma actividad: la política. Mientras vociferamos unos contra otros, aguardan arrumbados, en ociosidad que debiera sacudirnos como un remordimiento, los estudios que no se siguen y los trabajos que no se acaban.»
 Y de hecho, podemos tomar el ejemplo de España, como nuestra progenitora cultural, para adaptar el movimiento nacionalista al contexto hispanoamericano, ¿por qué no? Nacional-sindicalismo, falangismo, todo este fruto del pensamiento español puede inculcarse en nuestra región, al no centrarse en el valor de la raza, sino más bien en el del trabajo y el deber con la patria.

 No se afilien al neonazismo o al neofascismo. Estén conscientes de que ni lo uno ni lo otro refleja el verdadero anhelo del bienestar social ni nacional en nuestra región. No se dejen cegar por el odio y el racismo, pero a la vez comprendan al enemigo, quien, en su poca capacidad de discernimiento, no puede diferenciar a la 'extrema derecha' del auténtico nacionalismo. Para el internacionalista, Hitler Pinochet, Mussolini y Videla pueden ser puestos en el mismo saco sin siquiera un previo análisis de la situación en general.

 Por último, pero no menos importante: sean fuertes, no se dejen acobardar por el marxista o el neoliberal. Recuerden que su país no debe dejarse esclavizar por la Banca Internacional, ni por la degeneración progresista. Ni individualismo, ni igualitarismo. Ni ciega confianza en el libre mercado, ni filosofía de la envidia. Ni hedonismo, ni rebeldía injustificada. Céntrense en fortificar la cultura y promover los valores, para que así podamos reencontrarnos con nuestros progenitores ancestrales, o en otras palabras, estar en armonía con nuestro padre Abya Yala y nuestra madre España, concretando una verdadera identidad mestiza hispanoamericana.