domingo, 6 de diciembre de 2015

¿Patriotismo o nacionalismo? He aquí la cuestión




 Desde el colegio, al menos en Latinoamérica, se nos inculca el civismo (comportamiento necesario para convivir en la colectividad) y el respeto por los símbolos patrios. En algunas escuelas se canta el Himno Nacional cada lunes, al punto que los estudiantes se hastían de entonar las mismas notas cada semana, llegando incluso a sentir cierto desprecio por su patria y por cualquier tipo de rituales de la misma naturaleza (la misa católica, entre otros). Yo mismo he llegado a pasar por esta situación: no soportaba la idea de tener que repetir una canción 42 días al año (sin contar las fechas cívicas y otros días especiales). Sin embargo, ahora me doy cuenta de lo útil que es esto, y que la razón por la cual muchos no encuentran sentido en el respeto a los símbolos patrios radica, en realidad, en un problema que va más allá de la simple educación escolar o militar.

 Mucha gente cree que la pertenencia a una nación se limita al patriotismo, es decir, al sentimiento subjetivo de amor por esta. Empero, aquel concepto se limita a amar cualquier cosa que tenga que ver con nuestra patria, incluso si eso implica quererla con sus defectos y virtudes, como a una pareja conyugal. En los seres humanos, es válido este tipo de amor, porque nadie es perfecto, y quien se divorcie o termine con su pareja de manera efímera solo por uno que otro defecto, no muestra más que inmadurez. No obstante, la nación no es un ser humano, es una unidad holística de la cual nosotros somos sus células. La persona no tiene total control sobre sus células, pero ellas sí sobre él: se multiplican un "n" número de veces, y cuando ya no pueden más, el ser gigante que conforman empieza a envejecer.

 Así como las células, depende de nosotros curar o mantener los defectos de nuestros países, pues somos los impulsores de su vida y persistencia en el tiempo. Ignorar nuestra responsabilidad para con nuestra nación equivaldría a lanzar por el retrete el esfuerzo de miles de personas luchadoras a lo largo de siglos, que ayudaron a conformar la cultura nacional y sus tradiciones. Curiosamente, en el mundo de hoy se promueve el apoyo a la "diversidades" de todo tipo, sean dizque sexuales, afectivas o identitarias, pero se hace caso omiso de la diversidad más importante de todas: la de culturas. Es más, se la intenta destruir, y muchos de quienes apoyan este borrado de fronteras cantan con todas sus fuerzas: "Imagine there's no countries, it isn't hard to do". ¡Ah! Como si los caprichos de un hippie británico fueran a solucionar todas las guerras del mundo.


El mestizaje destruye las culturas, se hace la burla de milenios de historia, reduciéndolo todo a un solo mundo con una sola cultura y por ende, un solo gobierno (¿te suena al Nuevo Orden Mundial?).

 Mucha gente de esta corriente ideológica mundialista dirá que es estúpido ser nacionalista, porque, según consideran, nadie debería sentirse orgulloso de haber nacido en un pedazo de tierra. Lo que no te cuentan es que ser parte de una nación significa mucho más que habitar simple pedazo de tierra: engloba toda una serie de valores, costumbres y producción artística, que conocemos más comúnmente como "cultura". El mundialista no conoce suficiente sobre su país, no descubrió las maravillas que hay en él ni se preocupó de mejorar sus deficiencias. Para estas personas, el desprecio por el concepto de nación se justifica en la casualidad de no elegir dónde nacer. Las cosas están para aprovecharlas, y si nos tocó vivir en un lugar y no en otro, es necesario utilizar las herramientas disponibles para cultivarnos como persona y cultivar a los demás. Los mundialistas olvidan que el todo está conformado por partes, y que por tanto, de nada sirve apuntar al mundo si no se apunta primero al país, al desarrollo del propio país. Olvidan que se comienza por lo más pequeño para ir hacia lo más grande, que el mundo funciona con un engranaje compuesto por países, y que con su apatía están perjudicando el correcto funcionamiento del "engrane" al que pertenecen y por ende, al correcto funcionamiento del planeta entero.

 Entonces, promover solo el patriotismo nos lleva a errores garrafales a la hora de sentir orgullo por nuestra nación, como el de glorificar la mierda y minimizar lo realmente importante. Por ejemplo, gracias a la lectura del periódico local cada semana, he comprobado que se maximizan los éxitos de cantantes reggaetoneros, cumbieros y demás, evidenciando que, al parecer, a mi país le gusta exportar basura. Por otro lado, se da poco espacio en dichas páginas a quienes realmente promueven la cultura y el noble esfuerzo, como ser los artistas de música de verdad. Entiendo que el periódico no lo hace con la total intención de dar más cobertura a lo malo que a lo bueno, sino más bien por cuestiones de "marketing", pues a la gente de acá sí que le gusta la mierda: eso es lo que precisamente necesitamos cambiar.

 No faltará quien diga: "Sobre gustos no hay nada escrito". ¡Ah! El chipote chillón de quienes defienden la degeneración moral del ser humano. Bajo dicha premisa, yo puedo ir a violar a quien se me dé la gana y atacar a los que me critiquen por eso, ¿no es bonito ahora, verdad? "¡Estás exagerando! ¿Quién decide qué es lo que me debe gustar o no?". Tu contexto cultural define lo agradable y lo desagradable, lo glorificable y lo condenable. Ahora, otra cosa es que te sumés a esta ola mundial del New Age y los movimientos contracultura que, como ya vimos, buscan destruir la diversidad para unir a la humanidad mediante la mierda (música electrónica, dadaísmo, poesía concreta, y demás formas de degeneración del arte). ¡Ah! ¡Pero no critiquemos eso! Para estas personas, el fin justifica los medios, por tanto, no les importa las aberraciones que se hagan en nombre de la unión y de la igualdad.

 Ahora bien, ¿cómo concretar un cambio que lleve a nuestros compatriotas al camino correcto? ¿Cómo motivar los corazones de millones de personas para potenciar lo bueno y arreglar lo malo? ¿Cómo promover un espíritu de lucha que no se limite a sentirnos orgullosos de todo lo que produzca nuestro país, incluyendo lo despreciable? Mediante el nacionalismo.

 Buscando por ahí, me percaté de que una página web muestra las diferencias entre patriotismo y nacionalismo, pero su criterio no podría estar más sesgado. Lo curioso es que su dirección es "diferenciaentre.info", lo cual lo llevaría a uno a pensar que ofrece información objetiva; lamentablemente no es así. El sitio habla del patriotismo como si fuera el camino ideal y desprecia al nacionalismo, calificándolo de tener "sus raíces en la rivalidad y el resentimiento". Además, para colmo de los colmos, invierte los papeles de cada uno al deformar sus conceptos. Nada más vilmente propagandístico a favor de causas "antifascistas".

 Quienes creen que el nacionalismo implica sí o sí odiar a otros países y glorificar en demasía al propio, demuestran que solo han leído la historia de los vencedores e ignorado la de los vencidos. Se creen el cuento de los medios de comunicación cuando oyen o leen "este atentado fue perpetrado por un militante de la extrema derecha", relacionando al nacionalismo con la rabia y la locura. Creen que ser nacionalista equivale a ser neonazi o neofascista, ignorando que los falsos nacionalistas de Praviy Sektor en Ucrania recibieron apoyo judío en su disputa contra Rusia, el hermano histórico de dicho país.


 A fin de cuentas, ¿qué implicaría una reconcepción personal del nacionalismo? Que multipliquemos las virtudes y disminuyamos los defectos. Que hagamos crecer a nuestro país sin ver como inferiores a los otros. Que mejoremos en lo que se pueda y no empeoremos en lo que estamos mal. Que llamemos a lo bueno bueno y a lo malo malo, sin pelos en la lengua. Que promovamos la cultura y tradición nacional en vez de dar preferencia a una contracultura internacional, enemiga de nuestra nación y de todas las demás.

 En lo referente a esta contracultura, es importante señalar su naturaleza y objetivos implícitos. Como su nombre lo dice, es un movimiento que le lleva la contra a las culturas, y engloba a aquello que tiene que ver con lo urbano, lo punk, lo hippie, y demás aberraciones que pretenden formar "una nueva cultura" sin fundamentos respetables ni dignos. Se promueve bajo la premisa de que hay gustos para todos los colores y que "debemos respetar al otro" y "no discriminar" (recordemos el ejemplo de la violación). En consecuencia, la contracultura implica el pacifismo, en el sentido de estar "en paz" con los demás, querer caer bien a todo el mundo y que los demás obligadamente nos caigan bien, sin importar lo perjudicial que resultan sus costumbres para el bien de nuestro país; todo esto con la excusa de la "tolerancia" y del "amor".

 En sí, el pacifismo es un arma de doble filo, porque implica una relación amistosa con los demás, pero evade el hecho de que toda buena amistad se refuerza con las peleas. De nada sirve pretender ser amigo del otro si uno nunca tiene conflictos con él, eso sería forzarse a pensar bien del amigo, o como lo llamaría George Orwell, doblepensar. En vez de temer a las crisis, como ovejas estrogenizadas y pasivas, debemos estar preparados para ellas, afrontarlas con sumo valor, como guerreros dispuestos a luchar y conquistar lo imposible. La crisis es una oportunidad para mejorar nuestras deficiencias, tanto en lo individual como en lo interpersonal.

 Por eso y más, las guerras son necesarias, queramos o no. No podemos pretender que todo está bien y usar eufemismos como "la vía diplomática" para disimular nuestra incapacidad de pelear por lo que amamos. Proteger a nuestros seres queridos, nuestras tradiciones y nuestra historia nacional es un acto que requiere de mucho valor y convicción, porque es la vía difícil, y a las ovejas pasivas les da pereza ir por el camino difícil, están acostumbradas a un mundo de bienestar donde otros luchan por uno, donde el que sufre es el prójimo y el que goza es uno. Sé que estás cansado de oír todos los días en los programas de televisión, en las series animadas, en los videojuegos y en los libros de autosuperación la monótona máxima "lucha por tus sueños", pero esto va más allá de pretensiones individuales. 


"El verdadero soldado lucha no porque odia lo que está delante de él, sino porque ama lo que está detrás de él".

 El nacionalismo implica luchar por los demás y por uno mismo en forma íntegra, cosa muy aparte son los sueños y metas personales. El nacionalismo no promueve la guerra constante, sino la defensa de lo propio y el respeto a lo ajeno. El mero patriotismo, en cambio, implica una subordinación implícita a la mediocridad, al orgullo de las cosas tal y como son, al "qué más da". El patriota se limita a pensar: "¡Qué bonito es mi país! Sus playas, sus bosques, su gente amable y sus deliciosas comidas, ¡viva!", aunque se olvide de la delincuencia, del narcotráfico y de la educación deficiente. El nacionalista piensa: "¡Qué alegría la de pertenecer a esta nación! Pero, aquí hay algo raro, tal cosa no funciona, necesitamos cambiarla, ¡por el bien de todos los que la habitamos!".

 Sí, el patriotismo tiene cosas rescatables. Por ejemplo, peor que ser apenas un patriota sería decir: "Mi país es horrendo, lleno de criminales y corruptos, prefiero irme a vivir a Estados Unidos o a Europa, donde tenga una vida mejor y más reconfortante". Sin embargo, el sentimiento de superación vale la pena, y por eso es necesario pasar del patriotismo para culminar en un nacionalismo noble y enriquecedor. Ser un simple patriota conlleva a gustos extraños que no representan más que incoherencias: el estadounidense que prefiere al rap antes que al country, el boliviano que prefiere a María Galindo antes que a Adela Zamudio, el europeo que prefiere al cubismo antes que al renacimiento, y así sucesivamente.

 Por último, es necesario resaltar esa manía de confundir el nacionalismo con dictadura, actividad preferida de los seudoguerreros demócratas de Internet, ansiosos por desprestigiar cualquier intento de soberanía por parte de una nación, sea esta Irán, Rusia o Corea del Norte. Para el "demócrata", nacionalista es muchas veces sinónimo de comunista, y asocia esta convicción con traicionar al país mediante el asesinato de sus habitantes, como hizo Pol Pot en Camboya. Para el "socialista", nacionalista es sinónimo de fascista, y asocia esta convicción con lo mismo que los "demócratas", calificando precisamente de fascistas a las dictaduras de Pinochet, Videla, Banzer y Stroessner, apoyadas por las élites sionistas de Estados Unidos, que no representan para nada al pueblo estadounidense ni a su cultura nacional.

 Ciertamente, ser nacionalista implica querer el bien de la propia nación, pero eso no significa ir por el camino fácil: el asesinato en masa de miles de personas perjudiciales para el país. La vía dificultosa y más adecuada radica en evadir el genocidio y proponer la reforma: en vez de encarcelar a los criminales para siempre o de asesinarlos sin piedad alguna, podemos instalarlos en campos de trabajo o instituciones reformatorias. ¡Quién sabe! Quizá incluso se pueda incluirlos en redes de voluntariado, todo sea por el beneficio de la nación y la compensación de los errores.

 Como ves, a diferencia de lo que te hicieron creer, ser nacionalista no es odiar a otros países y ser lamesuelas con el propio, sino potenciar al propio y alegrarse porque otros potencien los suyos. Ser patriota es bueno, pero hasta cierto punto, porque no podemos sentirnos orgullosos de producir mierda: de lo que sí podemos sentirnos orgullosos es de superar esa producción incompetente y cambiarla por cosas más sanas. Por ende, el problema fundamental propuesto en el primer párrafo de todo este texto es percisamente esta concepción confusa que hay de los dos términos. La solución es, evidentemente, una mejor propaganda, para promover el espíritu de lucha nacional en la población. No será una propaganda engañosa ni un intento de colocar la basura debajo de la alfombra, sino un aliento para seguir con lo útil y disminuir lo inútil, una gran verdad transmitida con una adecuada comunicación.


Cuando alguien te critique por ser nacionalista o fascista, mostrales esta imagen, que representa muy bien los valores promovidos en favor de tu propio país.