sábado, 17 de enero de 2015

Maravillas posmodernas: las tendencias de la degeneración social



 ¡Ah! La moda, algo tan atractivo y tentador que nos lleva a hacer cosas que llegan incluso a desafiar a la razón. Cosas de las que podemos avergonzarnos en un futuro no muy lejano. Pero sobretodo, cosas que pueden llegar a ser moralmente cuestionables, o al menos para un individuo cuerdo. A este último caso corresponden las siguientes tendencias de la posmodernidad: divorciarse, abusar de la fotografía con los famosos autorretratos (mal llamados "selfies"), tener pareja (y serle infiel), resaltar el individualismo por encima de la conciencia social...En fin, cosas que al parecer están golpeando con más fuerza en Occidente, aquí donde se quiere instaurar una especie de dictadura del progresismo y el libertinaje.

 Para empezar, permítaseme adjuntar aquí unos párrafos relativos al tema, de la revista "Conozca más" (Nº24, 11 de noviembre del 2013):

 Las culturas orientales tienden a valorar más la introversión, concentándose en el pensamiento profundo y las pocas palabras, en tanto que en Europa y América la extroversión impera culturalmente, pues en casi todos los ámbitos se estimula el verbalizar los pensamientos y se alienta el socializar, ya que el silencio conlleva al aislamiento.

 Los asiáticos se sienten parte inherente de un grupo en el que sus acciones repercuten directamente (sea la familia, o la sociedad), mientras que los occidentales se ven como individuos cuya única finalidad es buscar su propia felicidad y diferenciarse de los demás.

 Una teoría dice que al ser genética la predisposición a la introversión o extroversión, es más factible que continentes, como el americano o el europeo, hayan sido 'creados' por extrovertidos, a diferencia de África o Asia, ya que los primeros fueron colonizados por personas que se atrevieron a emigrar. "Los que dejaron su casa eran más extrovertidos que los que se quedaron", reflexiona Susan Cain.

 Evidentemente, lo propuesto ahí parece coincidir con la realidad. ¿Cuántos de nosotros, en Occidente, no buscamos resaltar nuestra imagen y nuestro ego por encima de todo lo demás? Es cierto que hay una considerable cantidad de gente que se resiste a estos cambios de la globalización, es decir, que mantiene sus tradiciones familiares de ayuda en comunidad, de conocerse entre los del vecindario, de respetar y tener buenos modales, etcétera, pero los medios de comunicación tienen preferencia por mostrar lo que se vea más atractivo, lo más llamativo, lo más bizarro, y la realidad no parece tener muchas de esas características según ellos. Y ojo, no digo que esto sea malo, de hecho no sé si se pueda juzgar, son cosas que pasan en el mundo y ya, sin embargo, no podemos ignorar que son cuestiones que lo inquietan a uno y lo dejan pensando.

 Aunque, por otro lado, ¿será todo esto tan reciente como pensamos? Digo, los párrafos citados mencionan que la extroversión y el individualismo en Occidente son algo que viene desde hace siglos. Sería interesante visitar, por ejemplo, algún país occidental 100 años atrás y analizar el comportamiento de la gente, para así poder compararlo con el de la gente de hoy (ya que no podemos confiar ni en los libros de historia).

 En fin, a lo largo de los párrafos siguientes trataremos el tema de la degeneración moral en sus diversas ramas, dentro del contexto de al contemporaneidad. Y ojo, no confundir con la degeneración promovida por el Sionismo Internacional (pedofilia, homosexualismo, bestialismo, etc.), Así que, ¡vamos allá!

El divorcio

 Lo que antes era considerado un pacto de por vida (en parte para cumplir la función social de la institución de la familia, que es la de ser célula de la sociedad y procrear más individuos útiles a la misma), hoy no es más que un modo de disimular normalidad, de hacerle ver a la sociedad que uno está "comprometido" con ella aunque sea solo superficialmente, de ser aceptados dentro del contexto civil y formal.

 Es normal pensar cosas como: "¿por qué la gente se divorcia?, ¿será porque se casan con la persona que no es la indicada?, ¿pero por qué no esperan a conocerse por mucho tiempo para recién decidir si es esa persona o no?, ¿por qué se dice que los opuestos se atraen si más bien son las almas gemelas las que hacen pareja perfecta?", pero para responder a esas preguntas hay que comprender la situación.

 Resulta que el concepto de "pareja perfecta" es solo un paradigma (inb4 "no me digas") que en la realidad no se puede llegar a concretar, a no ser que uno se drogue de una manera especial como para ver a la otra persona sin sus defectos tal vez, y eso que ni así. Las películas, los libros y demás obras nos muestran historias alternativas a la realidad en las que nos quisiéramos refugiar, ya sea porque nos da asco nuestra vida o porque nos parece que ahí encontramos una experiencia interesante que nos gustaría probar. Pero el amor, al igual que todo lo demás, no consigue adaptarse de nuestra mente a la realidad, materializarse de la manera más satisfactoria posible. Es como la física, no importa cuántas operaciones hagamos para calcular ciertas mediciones, al aplicar el resultado a la materia visible siempre sobrarán o faltarán algunos nanómetros, miligramos o lo que sea que nos resulte difícil medir por su pequeñez, pues aún con todos los avances científicos la precisión humana al aplicar cálculos a lo real no llega a alcanzar la perfección.

 Ahora, entendido esto, podremos darnos cuenta de que siempre hallaremos defectos en las personas, así que dejemos los sentimentalismos de moral 100% pura para la ficción, donde los personajes expresan sus deseos de tener las mejores intenciones con sus parejas mientras suena una canción conmovedora de fondo.

 Sin embargo, ¿justifica la imperfección realista a los divorcios? No. Primero hay que partir de que la imagen que tengamos de la otra persona no debe ser alimentada idealizándola, eso solo contribuye a futuras decepciones y a resultados considerablemente desastrosos. Hay que pensar bien las cosas antes de hacerlas. Está bien enamorarse, creer que la otra persona es lo más perfecto jamás encontrado, pero en algún momento (cuando no sea demasiado tarde) hay que detenerse a pensar los pros y contras de esa persona (eso sí, tratando de no justificar sus contras, porque eso solo alimentará más la desilusión futura).

 En segundo lugar, hay que tomar en cuenta a las telenovelas, que son las promotoras de las graves discusiones familiares por excelencia. Si bien es cierto que una obra puede reflejar cosas duras de la realidad y, al ser consumida por alguien, este tiene que tener entendido que lo que pasa allí no es precisamente un ejemplo a seguir, mucha gente termina influida inconscientemente por las actitudes mostradas en las telenovelas, y como resultado hay una aplicación (quizás involuntaria) de la teoría a la práctica.

 En tercer lugar, hay que fijarse en los medios de comunicación, la publicidad, el mercado, ¿qué nos dicen del matrimonio?, ¿qué nos insinúan?, ¿qué comportamientos inmorales nos inducen a manifestar? Y no, no hay que pensar que estas son cuestiones que solo las viejitas religioso-puritanas apocalípticas se preguntarían, no es necesario ser creyente para darse cuenta de que hay algo mal en el mundo de hoy. Si te habrás dado cuenta, por ejemplo, se promueve mucho al cuerpo de la mujer como modo de publicitar bebidas, automóviles, en fin, de todo. Ahora bien, ¿qué va a pensar un hombre después de esto?, ¿cuánto aumentará su infidelidad mental hacia su esposa? Pues bastante, lógicamente. Y ya que el varón cayó, la sociedad no se conformó con eso, y para "igualar" las cosas, para hacer cumplir la "igualdad de género" quiso hacer caer también a la mujer, promoviendo "hombres papis" en los medios, y respondiendo así a la pregunta "¿si los hombres pueden deleitarse con sus vicios machistas patriarcales y degenerados, por qué las mujeres no podemos también deleitarnos y disfrutar nuestra sexualidad de manera plena, desenfrenada y liberal?".

 Entonces, como podemos ver, hay diversos factores que influyen en el divorcio. Es tarea del individuo sensato superar las dificultades para seguir hasta el final con su tarea de amar a su pareja, pues pareciera que en estos días ya nadie se toma en serio las reglas del juego, y este es precisamente el tema que se tocará a continuación.

Romper las reglas

 Otra de las modas favoritas de la juventud/adultez de hoy. Lo prohibido despide un aroma zukulentoso e irresistible, digno de ser ingerido para así saborear la gloria de la rebeldía, el placer de la desobediencia. No por nada hoy más que nunca en la historia la gente está en contra de las dictaduras, de los autoritarismos, de las monarquías. Pareciera que hay una tendencia mundial hacia el anarquismo y el caos.

 Todo esto se debe, en parte, a las ansias del ser humano por conseguir más. Cuando nos enteramos de que las posibilidades son infinitas, nos olvidamos de nuestros límites y rompemos las reglas del juego; no seguimos las cosas "como deben ser", sino que somos guiados por nuestra ambición para hacer que nos valgan verga las normas en situaciones determinadas.

 Frases como "You Only Live Once", "lo que no me mata me hace más fuerte", "vive y deja vivir" y "vive todos los días como si fueran el último de tu vida" nos motivan a cometer este tipo de acciones que van en contra de lo políticamente correcto, la pregunta es "¿por qué?". Bueno, una explicación podría ser la aceleración de nuestros estilos de vida. Hoy en día nos aburrimos fácilmente, si equis regla no nos gusta porque nos estropea la diversión, la rompemos, así de simple. Antes la gente tenía suficiente paciencia como para jugar, por ejemplo, juegos de mesa, ahora la preferencia radica en los videojuegos.

 No obstante, las "reglas del juego" no se aplican solo a lo lúdico, sino también a otros ámbitos, como la ley, el protocolo, la etiqueta, etcétera. "Si tal ley me impide seguir con mis fechorías, me basta algo de dinero para pasar por encima de ella", "si el protocolo de turismo a un lugar interesante me impide tomar fotos de equis elemento, tomo la foto como el buen rebelde que soy", "si la etiqueta me impide tratar a una mujer como trato a un hombre, lo haré como el buen igualitario que soy", "¡qué grande soy!, ¡he descubierto cosas que otras personas no descubrirían si siguieran las normas!" (las ansias por sobresalir de esta última frase serán tratadas más adelante).

 El punto es que este fenómeno es muy interesante sociológicamente hablando. La humanidad se está rebelando con más frecuencia que antes. Desde la Revolución Francesa hasta la "Revolución Sexual", el mundo en la Edad Contemporánea ha estado marcado por levantamientos que denotan la descarga de un ímpetu periódico, y esto es signo de que estamos pasando del pensamiento a la acción, estamos materializando las bases teóricas de nuestras más íntimas utopías, de nuestros deseos por un mundo mejor. Eso sí, por más bonito que esto parezca, por más romanticista, heroico, noble y épico que suene, tiene sus desventajas. Precisamente aquí es donde radica la oposición entre "ser libres y hacer lo que nos dé la puta gana" y "ser ovejas pastoreadas en un calabozo por el maldito sistema conservador".

 ¿Ansioso por querer ver a tu país en la cúspide del desarrollo, como los gloriosos países europeos con tecnología ultraavanzada? ¿Ansioso por ver verdadero progreso quitando las cadenas que atan al ser humano a su constante yugo llamado conservadurismo? Entonces, amigo mío, lamento decirte que la "libertad" que tanto ansía tu instinto heroicamente rebelde no es más que una ilusión. ¿Somos realmente cada vez más libres? Nope, creemos que nos estamos liberando, pero en realidad estamos reemplazando unas cadenas por otras. Nietzsche nos invita a reflexionar sobre esto en un fragmento de su libro "El viajero y su sombra":

 Mientras no nos sentimos depender de algo nos creemos independientes: conclusión errónea que demuestra cuánto es el orgullo, cuánta la sed del dominio del hombre. Pues de este modo admite que en toda circunstancia ha de notar y reconocer su dependencia, en cuanto la siente, por la idea preconcebida de que de ordinario vive en la independencia y que, si la perdiera excepcionalmente, sentiría inmediatamente un contraste de impresión. Pero ¿y si fuese lo contrario lo verdadero, es decir, si viviese siempre en una múltiple dependencia, y se considerase libre siempre que por una costumbre no sintiese la presión de las cadenas? Únicamente las cadenas nuevas le hacen sufrir. "Libre albedrío" no quiere decir propiamente otra cosa que el hecho de no sentir ya el peso de nuevas cadenas.

La sobrecarga de información

 Está de moda la imparcialidad. "Todo tiene sus ventajas y desventajas", nos decimos los unos a los otros. Pero, ¿realmente es así?, ¿todo es relativo? Quién sabe, a lo mejor sí, o a lo mejor es una ilusión producto de la globalización, que permite que intercambiemos entre nosotros más información que nunca.

 Claro que, esto no quiere decir que la imparcialidad sea mala en sí, sino que hay algo en ella que da mucho qué pensar. ¿Por qué hace siglos la gente se aferraba a sus creencias y ahora somos más "abiertos de mente"? Una explicación podría ser que ya no hay esa coerción social que tanto se necesita para que haya cohesión, unión y confianza entre los individuos de la sociedad. Se van borrando las fronteras entre países, y con ello también los mundos de nacionalismo e idiosincrasia local donde nos hallábamos encerrados; mundos en los que teníamos compatriotas en quienes confiar, comunidades en donde alojarnos, lugares seguros donde vivir, montones de familiares dispuestos a ayudarnos, personas a quienes confiar nuestras cosas. Ya nadie cree en el patriotismo o en el orgullo nacional (solo cuando le conviene a uno), ahora está de moda confiar en la utopía de la globalización.

 No obstante, no hay que quedarse ahí, pues yendo más allá del nacionalismo, a los tiempos de los imperios y hasta de las aldeas, vemos que la gente tenía fe en la propaganda, en los líderes de la comunidad, y eso hacía a las personas aferrarse a algunos ideales, aunque sea con mente cerrada. Ese es, pues, el sentido de este videojuego tan interesante que es la vida, seguir las reglas, ¡no se vale hacer trampa! ¿Qué es lo que hace interesante a un videojuego, película o libro? La jugabilidad, la emoción de ir avanzando, el devenir de los acontecimientos, el drama cargado de gran romanticismo, el final. Sin embargo, todo esto antes se encontraba en la vida, ahora los artículos de consumo absorbieron esta peculiaridad de la misma, y por eso es que hoy en día la gente quiere refugiarse de la realidad en vez de enfrentarla: porque la encuentra aburrida y sin sentido.

 Ahora lo normal es no creer en nada, que todo le dé igual a uno, no creer ni en las religiones, ni en los medios de comunicación, ni en los amigos mismos. Se perdió toda esperanza, tanta mezcla de culturas a nivel mundial nos hace perder nuestra identidad y hasta nuestra confianza en los demás y en nosotros mismos. Ya no estamos seguros de afirmar nada, no queremos decir "esto es así", preferimos acudir al comodín de la ambigüedad y cantar "esto tiene pros y contras". No, no es que sea falso que todo tenga pros y contras, de hecho la realidad misma parece confirmarlo cuando aplicamos este principio a ella, pero resulta que hasta creer que todo tiene pros y contras también tiene sus pros y contras. ¡A que no te esperabas esa! Sí, lo bueno es que uno previene el hecho de equivocarse afirmando cosas que no son (¡miedo al error!, ¡qué sociedad moderna más gallina!), y lo malo es que la realidad termina perdiendo su color, eso que le da la esencia de que creer en algo específico da un gran motivo para existir. Precisamente hay algo de hedonismo aquí, nos da placer y comodidad creer que todo tiene su lado bueno y malo, no nos gusta ser criticados y para no errar damos respuestas ambiguas a todo.

 Respecto a todo esto, una posible solución sería la cohesión racial. El mundo parece estar de cabeza con tanta inmigración y "hermandad mundial" basada en la "tolerancia" y el multiculturalismo (no confundir con diversidad, pues multiculturalismo es mezcla de razas y culturas, mientras que diversidad es variedad de ellas sin hibridación y con preservación de su pureza). Según esta teoría, a una sociedad le va mejor cuanto más racial y culturalmente iguales sean sus individuos, pues así sienten más confianza entre ellos (véase por ejemplo Japón e Israel). Esto insinúa que no es coincidencia que gran parte de los crímenes cometidos en Estados Unidos sean perpetrados por negros y latinoamericanos; no se trata de racismo o discriminación, sino de encontrar nuestro lugar. Sin embargo, esta teoría difícilmente se llevaría a la práctica en nuestra época, donde se promueve más que nunca la mezcla de razas, de culturas y la destrucción de la identidad comunitaria. ¿Será buena esta campaña que trata de "unir a la humanidad entera"? ¡Quién sabe! Aunque parece ser que los musulmanes ya le están causando problemas a Europa.

El hamor

 Generalmente, se suele escribir el término "hamor" con H para intentar denotar sarcasmo o que no se habla en serio. Aquí lo utilizo para algo similar: resaltar que el "amor" en nuestros días no parece ser algo muy serio que digamos.

 Miles de jóvenes, al contemplar las relaciones amorosas entre los personajes de las obras de ficción/no-ficción que consumen (ya sea libros, películas o series), se sienten presionados por conseguir pareja, a tal punto que terminan consiguiéndose cualquiera, pues piensan que así alcanzarán un estado de felicidad mayor al que tienen. ¿"Al que tienen"? Bueno, no, al que "deberían tener".  Al consumir alguna obra de ficción/no-ficción que nos da a conocer que podemos tener más de lo que tenemos o ser más de lo que somos, nos sentimos inconformes con nosotros mismos, y de pronto desaparece nuestro estado de bienestar para desear más. Empezamos a darle otro sentido a la vida, a trazarnos varias metas, pero no las queremos conseguir con tiempo, lo queremos todo ya, aquí y ahora, pues la desesperación y la ansiedad se apoderan de nosotros.

 ¿Sería más sensato, entonces, no depender mucho de ese tipo de consumo y vivir más "con los pies sobre la tierra"? Probablemente. Está bien consumir, disfrutar de un videojuego entretenido, de una lectura reconfortante, de una canción hermosa, pero estar consumiendo todo el tiempo nos vuelve unos simios sin criterio. Peor aún si dedicamos el tiempo en que no estamos consumiendo algo en hablar con algún amigo sobre lo que hemos consumido. Sin análisis profundo, sin crítica, sin intento de aplicación a la realidad, el consumir se hace una actividad inútil y de mero placer. Y precisamente vivimos en una cultura del hedonismo, donde más importa lo felices que seamos consumiendo (cuando somos estudiantes) y creando cosas que otros consuman (cuando somos profesionales) que haciendo cualquier otra cosa.

  Pero bueno, prosiguiendo con el tema del hamor, el hecho de que la gente se tome menos en serio las relaciones de este tipo es resultado de nuestra cultura del hedonismo. Ahora hasta pareciera que ya no se ve a la pareja como persona, sino más bien como papel higiénico con el cual limpiar esa mierda que es la soledad y que mancha la alcancía del ojete que es el ego. Eso sí, no hay que generalizar, seguro que las cosas no están tan mal como uno piensa y hay pocas situaciones de ese tipo, pero hay que tomar en cuenta que unos cuantos casos entre muchos tienen su importancia, como cuando una gota de pintura negra se vierte en un recipiente con agua limpia, el color oscuro se diluye y termina afectando la claridad y pureza del líquido. ¿Te acordás de Hitler? Comenzó con las mejores intenciones y terminó como un tirano, ahora todo el mundo lo recuerda más por su vida anciana de militar terco que por su vida joven de político revolucionario.

 Un medio particular que colabora a que el amor de pareja sea tomado como algo banal y cotidiano en vez de como algo especial y serio es la música. Ignoro cómo será en otros continentes y regiones, pero al menos en Latinoamérica cada tema popular difundido por la radio o la televisión tiene que ver con el hamor. ¿Es que acaso 4 de cada 5 canciones en español tienen que tener sí o sí contenido romántico? Y si no hablan del hamor hablan sobre el sexo (reggaeton y cumbia, por ejemplo). Todos los años nos bombardean con nuevos "éxitos" musicales, cuyas letras nos presionan a buscar a quién decirle todo eso que escuchamos. "Te quiero", "te necesito", "eres mi ángel", "eres mi luz", etc. En su tiempo, estas frases estaban dotadas de relativa elegancia, hoy en día no son más que palabras vacías, tanto que nos las repiten una y otra vez pierden su significado esencial. Esto me recuerda a un capítulo de Mansión Foster para amigos imaginarios, donde la abuela Foster hace galletas especiales cada cierto tiempo, pero Blu decide venderlas todos los días y por tanto pierden lo "especial" que tenían.

 Salir con alguien, ser amigovios, tener sexo, terminar, al poco tiempo salir con otra persona, ¿qué clase de vida parasitaria es esta? ¿Qué clase de sociedad puede tomarse en serio a jóvenes con costumbres tan poco productivas?  Lo peor es que no solo hacen eso, sino que además se refugian en la ilusión de que lo que sienten es "amor verdadero" y que están haciendo lo correcto. Quieren convencerse a sí mismos de que siguen las instrucciones de su manual hamoroso que es aquella obra de ficción/no-ficción que acaban de consumir.

 La fórmula perfecta para que nuestra sociedad se vaya a la mierda es la promiscuidad. Y esta es una de las tantas razones por las cuales se quiere apurar el progreso de la ciencia, pues con avances científicos que permitan, por ejemplo, copular sin riesgo de embarazo o generar vida sin necesidad de relación heterosexual, habrá cada vez más paso libre para el libertinaje. Como dijo alguien por ahí, no falta mucho para que se inventen píldoras orgásmicas que con solo tomarlas ya se tenga esa sensación de mero placer. Al hacer del ser humano una simple criatura hecha para disfrutar y sentir placer, habremos cometido un apocalipsis artificial de proporciones inconmensurables.

El culto al ego

 Hace unos meses, un YouTuber llamado Makalakesh subió un video donde hablaba de Whatsapp y su influencia en el egoísmo juvenil de nuestras épocas. Adjuntaría el link de ese video por aquí pero lo busqué y no lo encontre, parece que lo eliminó. Trataré de reconstruir sus palabras (según las recuerdo) en el siguiente párrafo.

 A la gente le encanta usar Whatsapp porque así satisface esa necesidad de estar hablando constantemente con alguien, de alimentar su ego. Los usuarios de esta cosa se sienten vacíos si no conversan con alguien en algún momento; se hacen los populares, creen que las redes los ayudarán a elevar su ego.

 De ello podemos sacar 2 conclusiones: que la gente de hoy se aburre fácilmente de las cosas y que está de moda ser famoso. Lo que ambas cosas tienen en común es que la sagrada prioridad es uno mismo y no los demás, esto es lo que denominamos culto al ego.

 Vivimos en una época donde la gente ya no quiere perder su tiempo. Esa necesidad de querer hacer algo constantemente conlleva a dedicarle tiempo "solo a las cosas que valen la pena". Curiosamente, Nietzsche había percibido algo parecido en su época y lo plasmó en "La gaya ciencia":

 (...) Ahora nos avergonzamos ya de la calma; la larga meditación da casi remordimiento de conciencia. Pensamos con el reloj en la mano, igual que comemos con la mirada puesta en el diario de la Bolsa; vivimos como alguien que continuamente "podría estar dejando pasar algo". "Mejor hacer cualquier cosa que no hacer nada", también este principio es una cuerda que estrangula toda cultura y todo gusto elevado. (...) ya no se tiene tiempo ni fuerza para las ceremonias, para la amabilidad que da rodeos (...) la auténtica virtud es ahora hacer algo en menos tiempo que los demás. Y así, rara vez hay momentos de sinceridad que esté permitida; (...)

 ¿A qué se deberá esto? ¿Será al estrés que inculcan los padres a sus hijos casi inconscientemente debido a las exigencias del trabajo? ¿Será porque conforme pasa el tiempo se va instaurando una "cultura oficinista" (ser formal, estar presentable, ser puntual, trabajar en una empresa reconocida, etc.) en nuestra sociedad? ¿Y qué hay con el ocio? ¿Nos encaminamos hacia la distopía de "Un mundo feliz", en la cual la prioridad para la estabilidad social es el consumismo y la satisfacción de los placeres?

 Con este tipo de actitud parecemos meros animales que siguen sus instintos, hoy estamos más humillables que nunca. Pero claro, nadie quiere reconocerlo, todos se vanaglorian de que "vivimos en la mejor de las épocas". Al hombre moderno le gusta jactarse de los avances científicos y sociales, del "progreso de la sociedad", de cómo la humanidad llegó a ser como es. Sin embargo, pareciera que se está olvidando de lo que le hace ser hombre, de los valores, de las buenas costumbres: se está olvidando de su humanidad.

 Mientras tanto, respecto al "todo el mundo quiere ser reconocido" hay algo más curioso aún. Ya hay hasta niños de 13 años con una página propia de Facebook, gozando de cierta popularidad entre los usuarios. ¿Por qué se da esto? ¿Tan ansioso de ser popular se ha vuelto el ser humano? Hacer cualquier pendejada para llamar la atención forma parte del culto al ego. Tal vez una de las causas para estas situaciones sea la falta de atención de los padres que trabajan mucho. Sí, esos adultos dispuestos a poner la felicidad de sus hijos por sobre todas las cosas, cueste lo que cueste. Pasan tanto tiempo en el trabajo que ya ni tienen tiempo de calidad para disfrutar con los hijos. Y esto, a su vez, podría ser consecuencia de la modernidad laboral, que exige más compromiso y responsabilidad con el trabajo que con la familia. La televisión e Internet se han vuelto los maestros por excelencia de los niños. Pero bueno, esto está repetido hasta el cansancio en los medios de comunicación, así que mejor ya no lo mencionamos porque queda claro. El punto es que, al encontrarse en soledad, los niños y jóvenes quieren recurrir a la compañía por cualquier medio posible. Tribus urbanas, redes sociales, afinidades y gustos, todo les sirve.

 La cosa es que no se trata de echarle la culpa a los padres por su irresponsabilidad o a los hijos por su rebeldía, es que es un tema relativamente complejo. ¿No es natural que si un individuo joven, sin la experiencia suficiente para cuidarse solo, quiera llenar el vacío de la soledad? ¿No es normal querer llamar la atención de alguien? Sí. Aunque, pensándolo bien, hay cierto límite entre la decencia y la necesidad. ¿Vale la pena perder la dignidad por llenar un vacío? ¿Vale la pena ridiculizarnos con tal de ganar fama mundial (y quizás algo de acoso) en un video de Internet?

 Hay un punto importante que tocar dentro de "el deseo de popularidad". El individuo con deseos de ingresar a uno de estos grupos no se conforma con buscar compañía, también quiere la aprobación de los demás. Para ello puede recurrir a diversos métodos, pero hay uno en particular que predomina mucho hoy en día: las selfies. ¿Hay algo más vulgar y ridículo que tomarse una selfie? Tal vez sí, pero lo cierto es que esta actividad tan aberrante es, junto al Whatsapp, uno de los principales patrocinadores del culto al ego. ¿Vas a dejar que tu autoestima dependa de un número de likes? En una escena de la película Gone Girl, una chica le pide a Nick tomar una selfie de los dos, él trata de negarse pero ella lo logra, y luego Nick queda como un insensible, porque los medios de comunicación se enteran de esa foto y lo critican a él, mucha gente entonces se queja de que haga semejantes cosas mientras su esposa está desaparecida y hay bastante gente tratando de ayudarlo a buscarla. ¡Pobre Nick! Pongámonos en su lugar y pensemos, ¿está bien violar la privacidad y dignidad de los demás para cumplir una pinche satisfacción personal?, ¿nos gustaría que nos hicieran lo mismo, que algún pelotudo venga a querer sacarse una selfie con nosotros en un momento inadecuado o donde pasamos por problemas personales, y encima que ignore nuestra negación a ello?

 Tal vez lo más acertado sería culpar al sistema. "Todos formamos parte del sistema, así que todos tenemos la culpa", sí, nadie se encuentra totalmente aislado de la sociedad, pero hay altas esferas de poder que deciden a qué grupos financiar, qué revoluciones artificiales crear, qué guerras librar. Ya pasó de moda la propaganda política. Ya nadie cree en las promesas del comunismo, del socialismo, del anarquismo, del fascismo o del nacionalismo, ahora creemos en las promesas de la propaganda corporativa (lo cual es, al parecer, una degeneración del capitalismo y no capitalismo en sí). Ahora los expertos en persuasión no son los gobiernos, sino las empresas, a veces en asociación con algunas instituciones.

 Una cosa más que vale la pena mencionar respecto al culto al ego es la famosa máxima "que cada quien haga lo que quiera con su vida", el argumento por excelencia para "refutar" cualquier intento de crear conciencia social. "¿Qué te importa lo que hagan otros? Vive y deja vivir". Sí, a estos individuos les harta que se les hagan observaciones, se creen lo suficientemente maduros y responsables para no ser "molestados" por nadie. Lo más gracioso es que el "criticador" se deja persuadir por estas poética y hermosas frases a tal punto que se dice a sí mismo "¡Bah! No tiene caso, el tipo tiene razón, ¿para qué criticar? Ya me dio flojera, no sirve de nada cambiar las cosas, ¡me rindo!". Estas personas "anti-crítica", tan partidarias de dejar en paz a los demás, seguro que no dirían lo mismo si algún día tienen hijos y llega un pedófilo a asaltar su casa y violarlo. ¡Epa! ¿Que cada quién viva como quiera no? ¿Por qué impedir que ese degenerado viole a mi hijo? ¡Todos tenemos derecho a violar!

Conclusión

 Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra, de eso no hay duda, pero tampoco hay que llenarnos el orto de defectos. ¿Qué es, pues, una sociedad con individuos incompetentes como nosotros? "Una vez al año no hace daño", claro, cortarnos el brazo una vez cada 365 días no nos herirá nada, no saldrá sangre de allí ni dolerá. El punto no es que debamos ser santos y altruistas, sino más bien reflexionar sobre por qué ocurre lo que ocurre a nuestro alrededor, por qué hay tanto conflicto social. "Siempre ha habido conflicto social", sí, conflictos que se han resuelto porque se daban entre comunidades competentes y no atontadas. La naturaleza prevalecerá por mucho daño que le hagamos al medio ambiente, siempre lo ha hecho. Mientras tanto, nosotros nos estamos haciendo más daño que nadie. Nosotros, los humanos, la especie más inteligente sobre la Tierra y a la vez la más tonta. ¡¿Quién nos puede salvar de tan fatídico porvenir y destrucción de la sociedad?! Nosotros, nadie más.