sábado, 18 de octubre de 2014

¿Cómo concebir el progreso de un país?

 ¡Ah, la comparación! Una herramienta poderosa para ayudarnos a mejorar nuestras vidas, analizando lo bueno y lo malo de las cosas. Cuando nos comparamos con otras personas, dependiendo de con qué tipo de personas, podemos ver si vamos bien o mal en la vida, y así tratar de cambiar algunos de nuestros rasgos de personalidad o dejarlos como están. Llámesele al cambio autosuperación, perfeccionismo, progreso o como sea; y a la permanencia conformismo, depresión, estancamiento, etc.

 Cuando decidimos autosuperarnos, a veces vamos a los extremos y queremos ser como los demás, alcanzar lo mismo que ellos solo porque los vemos mejor, cuando en realidad podría no ser conveniente el tomar cosas de otros para adaptarlas a nuestro estilo de vida. Y cuando decidimos quedarnos tal y como estamos, es posible desarrollar terquedad y conformismo en el mal sentido de la palabra (porque ser conformista no siempre es malo, por supuesto).

  Pero estas comparaciones no solo las hacemos entre nosotros y los demás, sino también entre nuestros países y los otros países, y como vivimos en un mundo globalizado la gente suele pensar que tenemos que vivir sí o sí como los habitantes de otras naciones. "¿Por qué en mi país todavía comemos té con pan para el desayuno mientras que en otros comen cereales ultraprocesados y enriquecidos con vitamina A, B, C, D, E, F, G...?".

 ¿Será la comparación con los vecinos un parámetro válido a la hora de darnos cuenta si nuestros respectivos países están progresando o no? Sí, de hecho, pero no es el más importante, aunque la creencia popular insinúa que lo es, y esto es precisamente lo que quiero tratar de refutar a lo largo de estos párrafos.