lunes, 2 de junio de 2014

Análisis a "Antimanual del mal historiador", de Carlos Antonio Aguirre Rojas


Al principio pensaba hacer de esta entrada una recopilación de fragmentos interesantes que encontré en dicho libro, pero luego pensé que sería muy repetitivo y además trabajoso, ya que son varias las partes que me llamaron la atención y son muy largas para transcribir, por tanto prefiero que esto sea un análisis donde a la vez cite solo fragmentos que considere necesarios.

La portada de arriba es de la versión que conseguí, primera edición boliviana, recién salida del horno (2014),  pues en sí el libro es de 2002 y su autor mexicano.

La introducción comienza con esta frase:

◘ "Creo en el futuro porque yo mismo participo en su construcción"
- Jules Michelet

Y luego se menciona que hasta ahora los historiadores han estado repitiendo y repitiendo lo que encuentran en libros, archivos y demás documentos de valor histórico, además, se muestra cierto romanticismo a la hora de hacer "grande" una historia, se deshumaniza a ciertos personajes hasta el punto de convertirlos en "héroes" y cosas por el estilo.

◘ (...) estamos convencidos de que la mayoría de las instituciones académicas de hoy que forman y educan a los futuros historiadores de la inmensa mayoría de los países del mundo, lo que están educando y formando es a malos historiadores, y no a historiadores críticos, serios, creativos y científicos.

█ Ahora vamos al primer capítulo, ¿qué pasa con las ideas que tiene la gente de lo que es la historia?

◘ (...) a fuerza de repetirse, desde la educación primaria más elemental hasta el nivel universitario de la licenciatura y de los postgrados, han terminado por ser aceptadas y reconocidas por la inmensa mayoría, construyendo así la empobrecida y deformada noción de lo que hoy se llama comúnmente "historia".

◘ (...) el tipo de historia que también de un modo generalizado se produce y se publica en general en todas partes del mundo, es una historia puramente descriptiva, monográfica, empobrecida y profundamente acrítica.
 Porque no hay duda de que es inofensivo y hasta conveniente para los actuales poderes y grupos dominantes, que se repitan hasta el cansancio —de los alumnos y hasta de los propios profesores— las gestas "gloriosas" de los diferentes procesos de una independencia nacional, o en otro caso, de la emergencia y afirmación inquebrantable de una determinada nación, o los cuentos sabidos y archirrepetidos de una cierta historia colonial. (...)

Pero, ¿qué es la historia?

◘ (...) no es "la ciencia que estudia los hechos y situaciones del pasado" (...)

◘ (...) es claro que también la historia no es esa aburrida y temerosa ciencia del pasado, sino más bien es ciencia que se consagra al estudio de "la obra de los hombres en el tiempo", según la acertada definición de Marc Bloch (...)

La historia no solo se puede reconstruir con documentos "importantes" como discursos políticos o periódicos de hace 100 años, sino también con evidencias de toda huella que haya dejado el hombre además del testimonio escrito:

◘ (...) Así, lo mismo que la dendocronología, que nos permite volver a trazar las diferencias del clima durante cientos de años, que el análisis del carbono 14, que hace posible datar la antigüedad de un hueso fósil, e igualmente la fotografía aérea, que nos deja ver las diferentes formas que adquieren los campos de cultivo en las distintas regiones de un país, o la iconografía, que nos entrega parte de las actitudes y de las prácticas cristianas de un culto religiosa, son todas fuentes pertinentes y legítimas del trabajo actual y cotidiano de los historiadores.

Y por cierto, desde el siglo XVI se desarrolló un proceso de universalización histórica, es decir, que debemos integrar las historias de todos los pueblos si queremos entenderlos mejor, ya que estudiándolos aisladamente no conseguiremos casi nada. Es imposible estudiar una historia nacional sin tomar en cuenta la situación o influencia extranjera, y es que, ya sea para bien o para mal, Europa ha estado exportando su cultura al resto del mundo durante los últimos 500 años.

Mucha gente tiene una visión esperanzadora del hoy, creen que vivimos necesariamente mejor que antes:

◘ Entonces, rompiendo con los lugares comunes de la historia oficial, y haciendo frente a ese proceso de legitimización de lo existente, que siempre concluye por explicarnos que "vivimos en el mejor de los mundos posibles", y que tal o cual proceso actual puede ser bueno, regular o malo, pero es inevitable e ineludible --como en el caso actual de la mal llamada "globalización"--, rompiendo con estas visiones interesadamente fatalistas del pasado y del presente, el buen historiador genuinamente crítico, nos recuerda siempre que ayer igual que hoy, la historia es un terreno de disputa constante, donde hay de manera contradictoria y tenaz que enfrentar siempre varios futuros alternativos posibles, varias líneas abiertas de posibles evoluciones diferentes, y en donde la línea o futuro que resulta finalmente vencedor y que se actualiza, se decide justamente desde y dentro de las condiciones concretas de ese espacio de combate.

█ El segundo capítulo inicia con esta frase interesante:

◘ "...la historia que se nos enseñaba a hacer no era, en realidad, más que una deificación del presente con ayuda del pasado. Pero rehusaba verlo —y decirlo—".
- Lucien Febvre, Combates por la historia, 1953.

Resulta que es más fácil ser mal historiador y repetir lo que otros dicen del pasado en vez de investigarlo profundamente y de manera crítica, la ley del menor esfuerzo, ¿no?. "Mientras me paguen una buena cantidad por escribir libros de historia, no me importa repetir lo que dijeron los historiadores del ayer con otras palabras". Justamente en las escuelas —y por qué no, en las universidades también— nos hacen leer estos libros aburridos y repetir su contenido en exposiciones y a la hora de los exámenes, nos forman con mente muy cerrada solo para tener la calificación que nos corresponde. Montones de datos inútiles, fechas por doquier y biografías de "grandes personajes" de la monarquía, la iglesia o el Estado, 12 años de nuestras valiosas vidas los desperdiciamos, en parte, con mala historia.

¿Qué nos induce a hacer este proceso historiográfico tan pobre y repetitivo?

◘ (...) nos cuenta en prosa lo que ya estaba dicho en verso en esos mismos documentos.

◘ (...) ¿de qué nos sirve saber cuándo y dónde acontecieron ciertos hechos históricos, si no somos capaces de explicar también las causas profundas, mediatas e inmediatas, que provocaron y suscitaron estos hechos, y si no tenemos la habilidad de explicar, igualmente, las razones concretas y el sentido esencial que determinan que tal hecho se haya producido en ese momento y no antes ni después, en ese lugar y en ninguna otra parte, y además que haya acontecido del modo concreto en que sucedió y no de otra forma, teniendo por añadidura el peculiar desenlace o resultado que tuvo y no cualquier otro destino posible? (...)

◘ (...) ¿qué idea del mundo puede tener un campesino francés del siglo XIII, que puede nacer, vivir y morir sin haber salido jamás en su vida de un radio de solo cien kilómetros, en torno de la pequeña aldea en la que vio la luz por vez primera?, ¿y qué significan, en cambio, nociones incluso como las de "China" o "Rusia" o "África" para un niño urbano conectado a través de Internet, de cualquier ciudad del mundo hoy?. Estas son preguntas que los malos historiadores nunca se plantean, lo que los hace ver la historia como una misma tela gris, en donde cambian solo los nombres, las fechas y los lugares, pero donde todo el resto permanece como si no existiera el cambio histórico de las sociedades, de las culturas, de las economías, de las civilizaciones y de las psicologías de los diferentes grupos humanos.

Los siete pecados capitales del mal historiador son:

1. El del positivismo. El positivismo consiste básicamente en decir "sí" a todo, repetir, no cuestionar, aceptar lo que se le dice a uno.

2. El del anacronismo de historia. Esto se refiere a la falta de sentido cronológico, de conciencia temporal, a la creencia de que la gente de hace 200, 300 o 1000 años pensaba igual que nosotros y cosas así.

3. El de la noción de tiempo. Precisamente en varias partes del libro el autor habla de "siglo cronológico" y "siglo histórico". Por siglo cronológico se refiere a 100 años exactamente, por ejemplo desde 1901 hasta el año 2000; mientras que el siglo histórico se refiere a la etapa dentro de un siglo (que puede continuar en parte del otro) que abarca acontecimientos similares y formas de vida en sociedad que lo caracterizan, por ejemplo dice que el siglo XX histórico abarca desde la Primera Guerra Mundial (1914)/la Revolución Rusa (1917) hasta la caída del Muro de Berlín (1989)/la irrupción del movimiento neozapatista mexicano (1994).

4. El de la idea limitada de progreso. "Todo hoy es mejor que cualquier ayer, y todo mañana será obligatoriamente mejor que cualquier hoy", ese modo de pensar limita a los historiadores en su capacidad para realizar su oficio, es absurdo pensar que el "avance" de la humanidad es directamente proporcional al avance del tiempo.

5. El de la actitud profundamente acrítica hacia los hechos del presente y del pasado. Esto tiene que ver con el primer pecado, pues se refiere a no criticar, a tener una actitud pasiva con todo lo que se lee o analiza.

6. El del mito repetido de su búsqueda de una "objetividad" y "neutralidad" absoluta frente a su objeto de estudio. Se refiere a la actitud de no querer involucrarse con los hechos a los que se investiga, así como los químicos intervienen con las sustancias para lograr resultados en sus experimentos, los historiadores también deben intervenir con su objeto de su investigación.

7. El del postmodernismo en historia. O sea, centrarse en los discursos históricos que se construyeron durante las pasadas generaciones, en el saber —por ejemplo— lo mismo que un historiador del siglo XVIII sabía sobre los romanos, "la escritura de la historia se reduce a una reconstrucción de la historia de la escritura".

El autor concluye el capítulo recordándonos que a pesar de que la narración es un elemento importante de la historiografía y no es posible expresarla sin describirla, también debemos buscar modos alternativos de contar la historia, de analizarla, de darla a conocer, de interpretarla.

█ El tercer capítulo habla del pensamiento de Karl Marx como origen de la historia crítica. Las lecciones que nos da Marx respecto a la misma son:

- Concebir a la historia como ciencia, estar conscientes de su estatuto científico, de que no se trata de narrarla y narrarla sino de organizarla, explicarla y entenderla.

- Concebir a la historia como una historia profundamente social, o sea no solo investigar a los grandes personajes y líderes que la sociedad ha tenido a lo largo de generaciones sino también a las grandes masas y los movimientos sociales que se han manifestado en pos de sus exigencias y necesidades, ellos fueron los verdaderos protagonistas de la historia.

- Comprender la dimensión materialista de la historia, es decir, las condiciones materiales en las que se desenvuelven los hechos; los intelectuales podrán proponer ideas, podrán imaginar utopías para su sociedad, pero son las personas las que se mueven y ponen en práctica esas ideas, sin acción no hay cambio.

- Dar importancia a los hechos económicos, tomar consciencia de que el intercambio de productos y la venta de la fuerza de trabajo ha sido un factor importante en el desenvolvimiento de la sociedad.

- Ser capaces de observar y explicar los fenómenos investigados de forma holística, es decir, en su totalidad, pues no hay hechos aislados, todo se relaciona con una u otra cosa y no podemos limitar la historia de una nación a sus fronteras o lo que ocurrió dentro de esas fronteras.

- Dar una perspectiva dialéctica a los problemas de la historia; al contrario de una perspectiva positivista, esto consiste en revisar la historia, en cuestionarla, en formular una afirmación para luego establecer una negación de esa afirmación y finalmente una negación de la negación de esa afirmación.

- Construir una historia crítica, que es en lo que se centra este libro, en ayudarnos a formular una especie de "contrahistoria" que derrote a la "historia oficial" para entender mejor esta compleja red de sucesos que se entretejen en nuestro universo, en el devenir de los acontecimientos.

█ En el cuarto capítulo nos propone un camino para lograr una buena historia antipositivista, y esto el autor lo hace mencionando las lecciones que nos da la "Escuela de los Annales" de Francia, una corriente de historiadores de mucha importancia en el siglo XX. Pero no mencionaré esas lecciones porque tienen mucho parecido con las de Marx y los pecados capitales del historiador, se volvería algo cansador repetirlo.

█ El quinto capítulo se titula "Las lecciones de 1968 para una posible contrahistoria radical", se refiere a una revolución cultural que hubo casi simultáneamente al mismo tiempo en diversas partes del mundo. Digo "una" y no "la" porque hasta que lo leí, desconocía de dicha revolución, aunque tenía más o menos idea de a lo que se refería. Sabemos que más o menos hasta los años 50, por poner un ejemplo, la gente andaba con corbata y trajecitos, y desde los 60 vinieron con fuerza los hippies y gente antisistema para hacer temblar los esquemas sociales de la época y traernos el mundo de "cultura pop" que tenemos hoy.

◘ "...la contrahistoria (...) será el discurso de los que no poseen gloria o —habiéndola perdido— se encuentran ahora en la oscuridad y en el silencio.".
- Michel Focault, Genealogía del racismo, 1976.

█ El sexto y último capítulo nos hace preguntarnos qué historia deberíamos hacer y enseñar hoy. "Hay una dinámica compleja de actores sociales que reinventan parcialmente al mundo", hay ideas que no logran difundirse socialmente como también ideas que sí, hay protestas que triunfan y protestas que fracasan. Toda historia es al mismo tiempo objetiva y subjetiva, se condiciona por el pensamiento del ser humano y por su realidad. El penúltimo párrafo dice:

◘ Proponemos así, tratar de escribir y de enseñar una historia diferente, que esté acorde con las nuevas realidades que hoy viven cada espacio local y cada nación en particular, y también el mundo en general. Una historia que, entonces, no puede seguir siendo el relato descriptivo del pasado construido para la glorificación del presente, sino más bien el rescate crítico de la memoria y de la historia, pasadas y presentes, de las luchas, de las resistencias, los olvidos y las marginaciones que ha llevado a cabo esa misma historia descriptiva y complaciente que hoy queremos superar.

Luego del quinto capítulo hay un apéndice titulado "De memorias, olvidos y contramemorias: la disputa por la historia en el México de 2012".

◘ "La memoria colectiva, al igual que la memoria individual, no conserva el pasado de modo preciso; ella lo recobra o lo reconstruye sin cesar a partir del presente".
- Marc Bloch, "Memoria colectiva, tradición y costumbre", en Revue de Synthese, 1925.

◘ Porque es claro que todas las naciones del mundo son construcciones históricas absolutamente recientes, que sólo corresponden a la época de la historia del capitalismo de los últimos cinco siglos. Y también es claro que para afirmarse y legitimarse en general, esas entidades nacionales se han valido siempre y se valen aún hoy de la manipulación y reconstrucción de los hechos históricos, fabricando esos "mitos fundadores" de las naciones a través de versiones específicas de dichas guerras, batallas y procesos históricos, que en general tienden a exaltar a una nacionalidad, o un país, o una identidad en la "fragua del heroísmo y de las virtudes" de los habitantes de un cierto territorio, y en la oposición y defensa, siempre finalmente victoriosa, frente a los "enemigos externos o internos", gestas que se enriquecen, renuevan y prolongan a lo lago de décadas y siglos para consolidar, afirmar, liberar, defender, modernizar o proyectar hacia todo el mundo a esa misma nación o país en cuestión.

Luego el autor critica esta visión nacionalista de "héroes y villanos" que tiene la historia en ciertos aspectos, además exige que se rescate la "memoria obrera" o "memoria popular" de las masas que viven distintas épocas, es decir la historia de los grupos de personas que conforman los pueblos y no solo de los gobernantes y luchadores de un país. Critica también que la manipulación de la historia bajo intereses nacionalistas provoca deformación de hechos históricos al punto de convertirlos en símbolos o sacralizarlos.

En cuanto a México menciona que hubo un proyecto de supuesta modernización que se impuso luego de la Revolución Mexicana. Este proyecto buscó adoptar servilmente "el modelo de modernidad y de la civilización que durante el siglo XX se volvió el modelo hegemónico en todo el mundo occidental, es decir el modelo norteamericano, tecnocrático  consumista American way of life".

◘ Con lo cual esa historia y memoria críticas y progresistas que proponemos en lugar de las antiguas versiones liberales, deberían también de asumir y procesar intelectualmente esta condición, también estructural e insuperable sin eliminar antes al capitalismo, de nuestra modernidad necesariamente deforme, inconclusa y fallida, que no sólo fracasa porque se mide siempre desde y en función de los parámetros de las modernidades primero europeas y después norteamericana, sino también porque ignora la diferencia profunda y radical de nuestra civilización latinoamericana, y por ende de una posible modernidad igualmente latinoamericana, frente a esos modelos norteamericanos y europeos.
 Entonces, la tarea de esta memoria e historia críticas tendría que ser la de investigar y recuperar orgánicamente a las muchas modernidades alternativas que han habitado y aún habitan dentro de la historia de América Latina, y que abarcan lo mismo a la modernizada alternativa de nuestras comunidades indígenas, como si las modernidades campesinas, obreras, mestizas, negras y populares que siempre han existido y sobrevivido de manera marginal y subterránea pero persistente y activa, dentro de nuestros itinerarios históricos de las varias naciones del semicontinente latinoamericano.

CONCLUSIÓN


 Ahora vamos a establecer los puntos buenos y malos de este libro:

✓ Propone un nuevo modo de hacer historia, desnudando los puntos débiles de la historiografía tradicional, dándole un K.O. a lo que conocemos como "historia oficial" ya que insta a criticar lo establecido y cuestionarnos lo que nos hacen repetir como loros.

✓ Dice bastantes verdades, pues entre otras cosas, sacralizamos a nuestros "héroes nacionales" y lo vemos todo de un modo tan sentimentalista que como seres humanos andamos desesperados por deformar la realidad (y lo hemos hecho desde tiempos inmemorables) para ajustarlo todo a "historias fantásticas que inspiran".

✗ El autor abusa de las comas y las palabras en cursiva.

✗ Repite ciertas cosas, lo que puede resultar algo cansador al leer, ya que él mismo dice que "nos dicen en prosa lo que ya estaba en verso" y sin embargo lo hace en ciertas partes de su libro.

✗ Le lame las bolas a Marx, propone revisionismo histórico pero el mismo autor lo presenta como "el primero en proponer un modo crítico de hacer historia" cuando sabemos que todo es relativo, que han debido haber varios autores antes que él o contemporáneos a él que pensaban casi igual o de forma parecida. Aunque por otro lado es entendible ya que, como todo escritor, tal vez necesitaba colocar algo de emotividad y poco realismo en ciertas partes de su libro para adaptarse a este modo de pensar humano tan desesperado por encontrar figuras históricas concretas y ejemplos a seguir.

✗ Manifiesta una clara tendencia socialista, dice que debemos revisar la historia en busca de resaltar la importancia de los movimientos sociales y obreros que se han manifestado, sin embargo parece no tomar en cuenta que si los obreros toman el poder también podrían manipular la historia a su antojo, justificando algunos abusos que pudieran cometer mediante acusaciones a los gobiernos y presidentes de todos los males del pasado y del presente (como hizo el presidente Narciso Campero en Bolivia, le echó prácticamente toda la culpa de la Guerra del Pacífico a Hilarión Daza, y desde entonces en las escuelas bolivianas enseñan que "el gobierno de Daza fue uno de los grandes culpables de la guerra" y cosas así).

En fin, a pesar de todo es un libro muy interesante de leer y recomendable para aquellos que quieran disfrutar de un buen golpe al sistema en el que estamos tan inmersos, creo que le doy una puntuación de 7/10.