sábado, 2 de noviembre de 2013

Ni blanco ni negro, sino más o menos gris

En la actual sociedad, desde hace unas décadas fue proliferando el sentimentalismo, de modo que se perturbe el sentido de la moral y se formen doctrinas radicales antimaterialistas o formas de pensar colectivas que tienden a querer hacer de nuestra sociedad algo retrógrada, de manera que renazca el romanticismo y así se rechacen muchas cosas que son producto del razonamiento objetivo.

>No al aborto/Sí al aborto
>No a la manipulación de células madre/Sí a la manipulación de células madre
>No al gusto de la belleza física/ Sí al gusto de la belleza física

El extremismo nunca es bueno. Si bien es cierto también hay gente que pretende hacer de la sociedad algo frío y sin emociones ni sentimientos, la solución no es contrarrestar el pesimismo con optimismo. Es como querer borrar el machismo del mundo a cambio de que se implante el feminismo, es decir, combatir fuego con hielo.
Lo ideal es mantener un equilibrio sano entre dos antónimos: ni tan así ni tan asá. Si hay más sentimentalismo que razonamiento (radicalmente), la sociedad tiende a regresar a sus tiempos escrupulosos y puritanos donde la gente condenaba cada cosa que esté en contra del subjetivismo y de la sensibilidad emocional. De la misma manera, si la razón se coloca por sobre los sentimientos, la sociedad se ve compuesta por individuos autómatas, que únicamente son objetivos y tienden a parecer más seres con instintos programados que humanos.

Así que no se trata de decidir si una posición u otra es la correcta o incorrecta, sino más bien de desarrollar uno su propia forma de pensar y sentir (por un lado), y razonar basándose en leyes universales establecidas (por otro lado). Etiquetarse es una acción característica de los seres inferiores que, al no poder moldear su propia mente, deja que ciertos grupos de pensamientos denominados por un término pueblen sus neuronas.

Por ejemplo, si Fulano se declara ateo, estaría formando parte del estereotipo que se tiene sobre las personas que se declaran de la misma manera, por tanto, llegarían a juzgarlo de acuerdo a la definición universal sobre esa palabra o etiqueta (ateo). Mientras que Fulano está en una posición atea, Mengano está en una religiosa, ¿por qué ambos deberían seguir estas corrientes y todo lo que proponen? Claro que, tal vez no estén del todo de acuerdo con su etiqueta (por decir, que Fulano diga “A pesar de que soy ateo, pienso diferente en esto”), pero eso no los hace inmunes a los prejuicios de la sociedad, y es que como nuestra civilización evoluciona para proporcionar cada vez más individualidad a cada uno de sus miembros, no nos conviene estar separados y clasificados de acuerdo a conceptos y definiciones de pensamientos universalmente establecidos. Y por supuesto, no pretendo exigirle al mundo que cambie de golpe, todo es parte de un proceso, las ideas que expongo son progresivas y con una mira hacia el futuro.

Ya es hora de que los seres superiores brinden sus conocimientos a los inferiores, sin importar si estos últimos disponen de medios económicos para acceder al saber. Es una pena que el conocimiento forme parte del mercado en nuestros días, esto fomenta la corrupción, la cual se pone en práctica mediante ciertas políticas y pensamientos que benefician a algunos a cambio de perjudicar a muchos. Por ejemplo, que a los que pueden pagar más sus estudios les den mejor educación y liderazgo emprendedor, mientras que en las escuelas públicas (ya sean gratis o de bajo costo de acceso) se enseñe a la gente a ser dominada y obediente. Sin embargo, Internet está haciendo que la información se universalice (aunque aún existe el límite del costo al acceso de este medio de comunicación).

Volviendo al tema principal, el sentimentalismo barato conlleva a la formulación de expresiones y frases ridículas como “lo que importa es lo de adentro” o “mientras más conozco al hombre, más quiero a mi perro”. No quiero decir que tales expresiones y frases carezcan de valor alguno, sino que difaman ciertas concepciones de la vida hasta el punto en que crean pensamientos radicales cada vez que caen en manos equivocadas, o mejor dicho, se asimilan en cerebros inapropiados.

Por ejemplo, una persona que es informada cada día de las crueldades que se cometen en el mundo, y a su vez es víctima de las mismas, tenderá a odiar a la humanidad; ahora, supongamos que tiene a un canino por mascota, y disfruta su tiempo con él, ya que este lo distrae de lo malo que pasa en el mundo. Esta persona ha vivido cosas muy buenas, pero con más frecuencia en el pasado que en el presente, por tanto sabe diferenciar entre bien y mal; un día se encuentra vagando por Internet y lee dicha la frase señalada sobre el perro, entonces se da cuenta de que dichas palabras concuerdan con su caso y las adapta a su forma de pensar, ya perdió muchas cosas buenas en su vida, y como “no tiene salvación” acude a refugiarse en esa minifilosofía de vida. Es claramente una víctima de las maldades universales, le hace falta la educación impartida por alguien objetivo e incorrupto, que le guíe por el camino del progreso para su bien, pero como mucha gente hoy en día hace uso del egoísmo, se juega psicológicamente con este tipo de personas susceptibles a visiones destructoras de la vida.

Como en estas épocas, el desarrollo de nuestra civilización avanza a velocidades increíbles, debemos evitar mostrarnos reacios al cambio—no sin antes analizar cada uno de los que se presenten—, se podría decir que, actualmente, los conservadores son los mayores enemigos de la humanidad. Por eso, deduzco que una buena posición de mentalidad hoy en día sería el liberalismo, aunque no radicalmente, siempre controlado y con buenos argumentos para aceptar o rechazar los puntos en los que cambia la sociedad constantemente.

Concluyo además, que la posición objetivista de Ayn Rand respecto a que solo podemos pensar o decidir una cosa o la otra y no algo intermedio está volviéndose obsoleta, hay pros y contras para cada cosa y no debemos permitirnos caer en las trampas que proponen ciertos tipos de razonamiento selectivo de posiciones.