sábado, 2 de noviembre de 2013

Teoría sobre la las religiones y la independencia por parte de sus creyentes

Es claramente una pérdida de tiempo rendir culto a algo que no te garantiza con hechos científicos que te vaya a beneficiar en un futuro, aunque quién sabe si a lo mejor de aquí a unos años o décadas se comprueba científicamente la existencia de espíritus o de una segunda vida, pero no creo que eso vaya ligado a las religiones, sino más bien a la multidimensionalidad o algo por el estilo.

Fácilmente podés ir al África, entregar cómics de Spider-man a los niños de las aldeas y decirles que si le rezan cada día, serán aceptados en Manhattan, el “reino” de Peter Parker, y que esta es la máxima realización a la que pueden acceder como seres humanos después de la muerte. Tenés una vida por delante: estudios, aspiraciones, una agenda que cumplir, actividades de diversa índole que no guardan espacio en el tiempo para algún acto de carácter religioso como los ritos y cultos. Tu propio esfuerzo rinde sus frutos, no es necesario que dependás de alguna actividad religiosa diaria o semanal (como rezar el rosario, ir a misa, etc.) de modo que pierda tiempo muy valioso.

Y es que como personas civilizadas, globalizadas y modernas que somos, no podemos permitirnos seguir con las tradiciones ideadas por la forma de pensar de nuestros antepasados; por tanto, el “que cada quien crea en lo que quiera” debe ser replanteado .Respecto a esto, hay una palabra que disfraza el oscuro papel de todas estas prácticas obsoletas: respetar. Así es, esa maldita palabra clave que atribuye una buena moral a toda expresión donde se la use…Encoleriza el saber que se hacen este tipo de cosas para convencer a la población de que algo es correcto, pero qué más da, los eufemismos sirven para mantener controladas a las masas, y si las autoridades ven que eso les conviene, lo usarán. “Respeto a las religiones”…No, ningún “respeto” aquí, las religiones no son más que un punto intermedio entre la cultura de los cavernícolas y la del hombre moderno. Por "hombre moderno" me refiero a un modelo de ser humano (tal vez futurista y utópico) con ciertas características que nos encaminamos a tener conforme evolucionamos. 

El respeto o reconocimiento es la consideración de que alguien o incluso algo tienen un valor por sí mismo y se establece como reciprocidad. Y no digo que las religiones no tengan valor, sino que lo están perdiendo poco a poco, más rápidamente que antes; todo esto es un proceso de evolución del que nos deberíamos dar cuenta y aceptarlo tal cual es, tomando las medidas necesarias para hacer de estos cambios algo beneficioso para la humanidad.

En un principio el hombre atribuía cualidades divinas, majestuosas y temibles a los fenómenos de la naturaleza; con el pasar de los milenios, se organizó con los miembros de su comunidad, y basándose en la idea de forjar leyes con principios en común (la creencia en un ser superior y el respeto que todos le tenían), pensó en la religión; con el pasar de los siglos, vio que no prescindía de este conjunto de rituales y cultos para unificar a su sociedad bajo una moral y etiqueta común, entonces pasó de creer que existe un dios o varios dioses que lo cuidan, protegen y/o amenazan, a observar con asombro, admiración y ganas de investigar a la naturaleza.

Creo que me explico mejor con un gráfico:



Ahora bien, es cierto que en estos últimos 50 años, con la revolución de los viajes espaciales, se fue divulgando la idea de que existen seres que no viven en la tierra, que pueden ser superiores o inferiores, pero no ideamos modos de cómo comportarnos con ellos (así como los 10 mandamientos para con el tal Yahvé), puesto que su existencia no está del todo confirmada (pero sí planteada y deducida) y el hombre ya ha aprendido que necesita demostrar que algo es real para tomarlo como existente.

Está claro que la humanidad es diversa y cada individuo tiene diferentes formas de pensar, tan así es la cosa, que hoy en día encontramos personas que “creen en Dios a su manera” o “creen en Dios, pero no como lo ve la iglesia”; así es, la religión está pasando de “la institución rígida que tiene poder ideológico sobre cada uno de sus miembros” a “la individualidad de cada ser humano existente, sin influencia significativa del cuerpo principal de sus creencias religiosas”. Por tanto, deduzco que esta “evolución de creencias religiosas” es correcta en cuanto al hecho de que conllevará a la desaparición de las mismas.

Están por ejemplo algunos católicos que son tan hipócritas que no siguen los preceptos de su iglesia, tienden a descarriarse de manera muy bárbara e instintiva. Su Dios dice “Si tu prójimo te da una bofetada, enséñale la otra mejilla”, pero llegan a perder el control y devuelven mal por mal. Es aquí donde radica el hecho de que los curas tienen una tarea inservible sin resultados muy viables, que repercute en los jóvenes a los que dedican sus prédicas, “Lleva a misa cada semana a los estudiantes de una escuela secundaria católica y les valdrá verga lo que les enseñen en el sermón”.

La educación religiosa está volviéndose obsoleta, no se puede forzar a la gente a que sientan pena o culpa cuando cometen un “pecado” y tener la confianza de que no lo volverán a hacer. La creencia en el daño a un ser superior cuando se hace algo malo es absurda, pero hace falta que la humanidad en general se dé cuenta de ello, aunque para eso falten décadas, o tal vez siglos, o milenios, de todos modos tarde o temprano lo hará. Por mucho que te inculquen esa forma de pensar, no la seguirás, porque ves que el camino más fácil es seguir con tu vida y acudir a tu dios solo cuando te conviene. Es cien veces preferible que en tal caso abandonés tu religión a que sigás comportándote como un hipócrita. Pero pensándolo bien, no es hipocresía, es simplemente que la civilización sufrió un cambio drástico en estos últimos siglos, y la individualidad se ha diversificado tanto, que un término no es suficiente para definir a una persona o a sus creencias y gustos. Por tanto, la religión en sí, como también las diversas tendencias sociales, tribus urbanas, posiciones políticas y demás cosas que se definen con diversos términos—tales como: catolicismo, islam, budismo, izquierda, derecha, liberal, conservador, otaku y gamer—están perdiendo utilidad poco a poco.

Estoy seguro de que también te has debido preguntar “¿Cómo educo a mis hijos sin inculcarles la religión?”, pues es difícil debido a que durante siglos el ser humano se acostumbró a empezar la educación para con los hijos así. De todos modos, los desafíos son tentadores y a veces vale la pena afrontarlos.

Entonces vamos ahora al punto caliente: la intervención de la cultura unificada, globalizada y superior, en las culturas inferiores, sin necesidad de violentarlas o perturbar la gracia y magnificencia de su arte, el cual incluye la religión. ¿Qué puede suceder si dejamos intactas a esas culturas? La humanidad se verá dividida en “los que progresan rápido” y “los que reinventan la rueda”. Cabe destacar que, no postulo que las religiones hayan perjudicado a la humanidad a lo largo de su historia, al contrario, fue necesaria para la evolución del pensamiento humano y ha dado lugar a muchas formas de arte, como los vitrales en las iglesias, además de grandes activistas humanos como Teresa de Calcuta y Martin Luther King. Lo que pretendo al escribir todo esto, es denunciar la carga de pertenecer a una religión en pleno siglo XXI, cuando más que nunca necesitamos de la colaboración de todos para progresar en avances científicos y racionales que conlleven a un buen desarrollo de la civilización, sin dejar de lado la individualidad subjetiva, claro.

Antes que nada hay que ponernos en el lugar de las personas pertenecientes a culturas inferiores, ¿No nos gustaría que venga un pelotudo a querer imponernos algo si estamos tranquilos rascándonos las bolas, andando en taparrabos y cazando venados, o si? Pues bien, ese “algo” no debe ser impuesto por ley o algo por el estilo, debe ser comunicado y explicado (ya sea mediante procesos complejos o simples, dependiendo de qué tan inferior sea la cultura en la que queremos intervenir para que se introduzcan en nuestra sociedad contemporánea), de modo que, por decir, nosotros los integrantes de esa comunidad aborigen, quedemos convencidos de que el desarrollo es bueno, y así no nos mostremos reacios a unificarnos con los que intentan convencernos de tal cosa.

Aislar a una etnia o comunidad indígena es un error, puesto que al hacerlo estamos poniendo en práctica el “Bah, si no quieren venir con nosotros, que se jodan”. Es que no se trata de ideologías, sino de valores objetivos, varios de los que intentan intervenir en dichas comunidades suelen tener intereses muy perversos y eso está mal. Hay que intervenir de modo que busquemos el bien de esas personas—claro que, no siempre a costa del nuestro, hay que poner límites al altruismo—, y esto se logra con paciencia. Al principio las culturas inferiores pueden mostrarse muy negativas respecto a nuestra intervención, pero sus descendientes se irán acostumbrando y así lograremos “globalizarlos” con éxito.


¿Y cómo mantener estas diversas y ricas culturas de modo que las futuras generaciones puedan maravillarse de lo que eran y lo que practicaban? Pues hoy en día tenemos diversos medios de almacenamiento de información, así que es un poco tonto pensar que solo con la narración mediante un libro o columnas en el periódico podemos transmitir la esencia de las culturas inferiores. Están las cámaras de video, cámaras fotográficas, programas de diseño tridimensional, grabadoras de voces, en fin, tenemos muchas herramientas para guardar la historia hoy en día, solo hay que tener la iniciativa y algo de creatividad.

En conclusión, no pretendo hacer que quien lea esto deje de creer en lo que cree, pues no quiero ser malinterpretado. Lo que trato de decir es que es vital que cada individuo adapte cierto conjunto de creencias (un pedazo del pastel de su religión, si es que profesa alguna, o un pedazo del pastel de su ateísmo o agnostiscismo, y si no cree en ninguna de esas cosas da igual, está bien de todos modos) a su forma de vida, para automoldearse, viendo qué puntos les sirven y qué puntos no para así poder desarrollarse a sí mismo y ayudar a la humanidad a desarrollarse también. Porque las religiones pueden tener características benéficas y promover una que otra práctica saludable, pero tienden a subyugar a la persona en cuanto a que pretenden incluirla dentro del marco de su estereotipo y conjunto de dogmas, a pesar de que son un poco más liberales que las sectas; pero este es el punto: que cada creyente desarrolle su propia forma de pensar y forma de vida tomando como guía lo bueno de sus creencias.